La madurez matrimonial

A menudo sucede que en cuanto aparecen las primeras contrariedades hay quienes experimentan la tentación de pensar que han escogido mal a su pareja y que, por tanto, la solución única y viable que despunta en el horizonte es la separación.

Sin embargo, a menudo no es la elección del otro, sino la propia falta de madurez afectiva lo que hace que las parejas no sigan los caminos adecuados. Es la falta de formación acerca de lo que es realmente el matrimonio lo que nos lleva a esta oleada de separaciones.

Desde el Foro de la Familia estamos firmemente comprometidos con la formación, que no información, de lo que es realmente el matrimonio.

La formación sobre el matrimonio nos lleva a saber que el mismo es un proyecto de dos personas que se nutre de las aportaciones de ambos. Los dos han de ser conscientes de que, para que el matrimonio eche raíces y crezca, han de ser personas que evolucionen positivamente, aportando siempre lo mejor de ellos mismos y estableciendo objetivos y un plan de vida común que les permita alcanzar un mayor grado de compenetración. No hace falta ser héroes ni extraordinarios ni perfectos, lo único que se requiere es que sepan amar.

El amor lo que necesita es afecto, consideración, respeto y confianza; sin olvidarnos de los detalles, de la ilusión, alegría. El amor necesita, no pocas veces, erradicar malos hábitos o pulir defectos pues, de lo contrario, desaparece. Un amor maduro no es posible sin el cuidado diario.

¿Y que abarca ese cuidado diario? Decir cada día te quiero, no dándolo por sentado; olvidar los errores del pasado y saber perdonar; fijarnos más en las cualidades de la otra persona y menos en sus defectos; reconocer abierta y sinceramente al otro las cosas buenas que hace; prestar atención a los detalles; estar alegres; no criticar al otro; y un sinfín de actitudes que no sólo fortalecen el amor sino que nos ayudan a crecer como personas afectivamente maduras.

 

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