Educación sexual y afectividad

La educación sexual ha de incidir también en la afectividad y ayudar a formar la intimidad de la persona, por eso es un derecho inalienable de los padres.

La dimensión sexual de la persona es clave en el desarrollo humano. Es necesario orientarla de forma positiva, respondiendo sin complejos y con verdad a la naturaleza humana, y evitar tanto la represión como el mal uso de la libertad. La sexualidad es como el agua: mal contenida o sin control ni cauce, puede causar estragos.

Educación sexual e ideología de género

En las últimas décadas, los promotores de la ideología de género intentan por todos los medios influir en la educación sexual de los menores, aun en contra del criterio de los padres.

La educación sexual que propone la teoría de género explica la sexualidad partiendo sólo de la genitalidad biológica, y ensalza el uso de la libertad individual para probar o tolerar todo tipo de prácticas sexuales.

La educación sexual de la ideología de género no distingue entre deseo y bien, entre sentimiento y afectividad, entre control y represión, entre libertad y libertinaje, entre identidad sexual y rol de género. La ideología de género no educa en el control ni en los afectos.

El lobby gay y de género defiende la identidad de género para definir a la persona por sus gustos sexuales, no por su naturaleza sexuada. De hecho, niega que exista una naturaleza de la sexualidad humana y oculta que alterar esa naturaleza provoca desequilibrios, especialmente en los menores.

Educación afectivo sexual

En la sexualidad, como en la vida, no todo es igual de bueno. Hay formas de vivir la sexualidad que construyen a la persona porque respetan su naturaleza profunda, y otras que la corrompen o la debilitan.

Una correcta educación sexual ayuda a reconocer la naturaleza humana y qué modos de vivir la sexualidad construyen o destruyen a la persona y a la sociedad.

La educación de la sexualidad debe ser sólo una parte de una educación en la afectividad y en el amor, respondiendo a los deseos más hondos del corazón humano.

La educación sexual es un derecho de los padres

La educación sexual incide en un ámbito constitutivo de la persona y de su intimidad. Por eso es una competencia de las familias, no del Estado, ni mucho menos de grupos concretos de presión.

Al tocar un ámbito en el que existen amplias y sanas diferencias de opiniones en la sociedad, el Estado no debe imponer un único modelo de educación sexual, y en ningún caso debe facilitar este tipo de formación a los menores sin el expreso consentimiento de los padres, y mucho menos en contra de los valores afectivo sexuales que los padres desean transmitir en familia.

Los padres no deben hacer dejación de sus responsabilidades en la educación afectivo sexual de sus hijos. Las familias están moralmente obligadas ante los niños a formarse en este terreno para buscar el bien de los hijos. Y las autoridades públicas deben favorecer esta formación de los padres, promoviendo los centros públicos y privados que la faciliten.