Aceprensa: El discurso pro vida se hace feminista

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“¿Cuándo lo harás?”, le preguntó su suegra cuando tuvo a la criatura. Lo mismo tuvo que escuchar de su marido y de sus vecinas. Así con sus tres hijas. “Todo el mundo me decía que debía matarlas. Tuve tentación de darles el veneno. Estuve a punto de hacerlo con cada una de ellas. Rompí el tallo y puse el veneno en un cazo, pero no pude dárselo”. Lo dice Sevandhi Ammal en un reportaje sobre el aborto y el infanticidio selectivos en la India (El Mundo, 13-05-2007). Las tradiciones en el país hacen que tener una hija suponga una carga económica que muchas familias no están dispuestas a asumir.


Esa presión social –de familiares, vecinos, de otras mujeres, de medios de comunicación e incluso de médicos– la han tenido que soportar también y continúan soportándola muchas mujeres en los países avanzados, empujadas al aborto. Porque se supone que también en el próspero Occidente un hijo puede ser una carga económica o psicológica inasumible o un hijo enfermo un lastre del que hay que deshacerse.


Lo que sucede en la India es una “crisis nacional”; los movimientos de defensa de la mujer claman contra esa aberración y los medios occidentales menean la cabeza en señal de reprobación, tratando de buscar soluciones que llegan hasta el encarcelamiento de médicos que desvelan el sexo del feto. Pero si el aborto se aplica por igual a niños y niñas, se convierte a ojos de estos presuntos abogados de la mujer en un derecho fundamental y en cuestión capital de libertad y signo de progreso. Lo que en Occidente es “interrupción voluntaria del embarazo” se ha convertido en la India en “feticidio”.


Este enfoque, aunque incoherente, refleja que un nuevo feminismo puede abanderar la causa del no nacido, oponiéndose a esas otras voces que, amparándose en la defensa de la mujer, sirvieron para legalizar el aborto, que actualmente se cobra millones de víctimas al año, especialmente de sexo femenino en países como India y China. Pero también mujeres son víctimas del aborto en los países ricos.


Maternidad frustrada


“A regañadientes, llevé adelante el aborto en una clínica privada cuando estaba embarazada de diez semanas. Fue la peor experiencia de mi vida. Había unas 20 mujeres –de diferentes edades y procedencias– sentadas en bata en la sala de espera. Ninguna dijo una palabra y después de 20 minutos me llamaron para ver al médico. Un aborto por succión bajo anestesia general y estaba de vuelta en el coche de Michael una hora después. Él me aseguró que había hecho lo correcto, pero supe instantáneamente que había cometido el error más grande de mi vida. El sentimiento de vacío era insoportable y todo lo que yo podía pensar era cuánto quería que mi bebé regresase. (…) La tragedia para mí –y para miles de mujeres como yo– es que solo cuando es demasiado tarde nos damos cuenta de lo preciosa que es cada vida. Han pasado tres años desde que tuve mi segundo aborto, pero cada día pienso lo que he perdido”. Así lo contaba Susan Sharp en un reportaje del Daily Mail (21-03-2007), que comparaba a dos amigas de 33 años, Susan y Carly, ésta feliz madre de dos hijos, bajo el título: “Dos mujeres, dos decisiones. ¿Cuántos remordimientos?”.


Miranda Sawyer, periodista del Channel 4 de la televisión británica, contaba en un ar-tículo (The Observer, 8-04-2007) cómo se ha replanteado su firme posición a favor del aborto después de una maternidad tardía y durante la realización de un reportaje sobre la cuestión en EE.UU. “Mi memoria regresa al test de embarazo. Si mi reacción a aquellas dobles lí-neas fatídicas que decían ‘bebé a bordo’ hubiese sido horror en lugar de un ‘¡hurra!’ –y, para ser sincera, no sentí una alegría sin paliativos cuando lo vi: estaba también asustada–, entonces habría tenido la ligera duda de tener un aborto. Pero fue ese hecho el que me confundió. Estaba llamando bebé a la vida que crecía dentro de mí porque lo quería. Si no hubiese pensado así, habría pensado en ello simplemente como un grupo de células que podía matar. Era la misma entidad. Era simplemente mi respuesta a ello lo que determinó si viviría o moriría. Me pareció irracional. Quizá incluso inmoral”.


Con un alto grado de honradez, aunque sin renunciar a la defensa del aborto en los primeros estadios de vida, Sawyer reconoce que en este tema muchas veces se toma posición de partida y luego se justifica. “Al final, tengo que estar de acuerdo en que la vida comienza en la concepción. Por tanto, sí, el aborto es acabar con esa vida. Pero quizás lo importante no es que haya una vida, sino si esa vida ha crecido lo suficiente para asumir características humanas, para empezar a ser una persona”, explica.


También en España hay testimonios de las consecuencias del aborto. Un libro publicado en 2005 titulado Yo aborté (ver Aceprensa 58/06) recogía los testimonios de 17 mujeres que con un estilo sencillo contaban lo traumático de su experiencia.


Cambio del discurso pro vida


“Hablar del aborto puede parecer una temática contracorriente y restrictiva de supuestos derechos de elección y de género en una sociedad ‘avanzada’, pero nadie puede negar que es atractivo reivindicar el derecho a la vida y a la mujer a desarrollarse en su ser mujer. (…) ¿Se puede negar algún medio de comunicación a verificar la salud de los ciudadanos, de las madres? La batalla de la comunicación no está perdida, sino que es un campo estratégico que demanda nuestra presencia”, se lee en una de las conclusiones del Congreso “Mujer y realidad del aborto” organizado por el Foro Español de la Familia.


Este cambio ya ha sido documentado recientemente por los medios en el mundo anglosajón. En “El enfoque sobre la mujer da esperanzas a los adversarios del aborto en EE.UU.” (International Herald Tribune, 22-05-2007) se habla de campañas pro-vida como “Las mujeres merecen algo mejor que el aborto”, que cuenta con el apoyo de la esposa del presidente del Tribunal Supremo. Citando a un activista pro vida, se comparan las campañas contra el aborto dirigidas a mujeres con la lucha por informar de los efectos nocivos del tabaco.


En efecto, el discurso pro vida comenzó a cambiar hace más de una década. Dejó el tono agresivo, centrado en la vida del feto, para adoptar un mensaje más amable, centrado en la mujer que se enfrenta a un embarazo inesperado, a la que ofrece alternativas, buscando lo mejor para madre e hijo…


Escuchar a las mujeres


En abril de 1998, un artículo en First Things firmado por Paul Swope (cfr. Aceprensa 37/99) sintetizaba una nueva política de comunicación y acción: “La importancia de nuestra misión y el imperativo de ser eficaces hacen necesario que escuchemos, entendamos y respondamos a las preocupaciones reales de las mujeres que se inclinan por el aborto”, decía. Basándose en estudios, explicaba el procedimiento emocional por el que una mujer decide abortar. Además, la imagen de “peligroso y extremista” que tenía el movimiento hacía que la gente prefiriera calificarse como pro-choice antes que pro vida.


Los slogans de los movimientos pro vida y las campañas educativas tendieron a exacerbar el problema, por haberse centrado casi exclusivamente en el hijo aún no nacido, y no en la madre. Esto produjo resentimiento en vez de simpatía, particularmente entre las mujeres en edad de tener hijos, y les confirmaba en su idea de que los pro vida no se hacen cargo de su situación. El artículo de Swope documentaba los éxitos que habían logrado anuncios publicitarios y campañas que ofrecían comprensión y apoyo a las mujeres.


A este nuevo enfoque, más positivo y específicamente femenino, se suman “los nuevos avances científicos, que nos ofrecen mayores instrumentos para probar nuestros argumentos”, como dice Raimundo Rojas, del National Right to Life Committee (NRLC), una de las principales asociaciones pro vida de EE.UU. “Los avances en ultrasonidos nos han abierto una ventana al útero, las madres pueden ahora ver que su hijo nonato es de hecho un ser humano viviente y los progenitores son menos proclives a destruir esa vida”, afirma.


Grandes avances en 15 años


Como resultado, en Estados Unidos, pioneros en todo lo referido al aborto, los éxitos se multiplican, y la percepción social del aborto se inclina paulatinamente al “no” (ver Aceprensa 9/07). Tras la reciente sentencia en que el Tribunal Supremo ratifica una ley que prohíbe el “aborto por nacimiento parcial” (ver Aceprensa 45/07), numerosos analistas políticos consideran que este será un tema capital en la campaña para las presidenciales de 2008.


Según Melinda Henneberger en The New York Times (22-06-2007) “ser pro elección es una mala elección para los demócratas”. Después de haber viajado durante 18 meses por 20 estados “escuchando a mujeres de todas las edades, razas, tramos fiscales y puntos de vista hablar extensamente sobre los temas que les importan” de cara a las elecciones de 2008, ha sacado la conclusión de que los demócratas no ha-bían perdido apoyo entre mujeres porque las “mamás preocupadas por la seguridad” (security moms) viesen en Bush el mejor protector contra el terrorismo, como se ha dicho hasta ahora. Lo que los votantes demócratas que por primera vez votaron republicano “mencionaron más a menudo fue el aborto”.


Christopher Blunt y Fred Steeper, expertos en opinión pública y estudios de estrategia, explican en MercatorNet (15-06-2007) “por qué la etiqueta pro vida ya no descalifica a los políticos” estadounidenses, a partir de un sondeo sobre la cuestión realizado en Missouri, uno de los estados más representativos del electorado nacional. El análisis disecciona los datos y muestra el cambio que se ha producido en la opinión pública.


Así, entre aquellos que no practican ninguna religión se ha pasado de un 53% que se consideraba fuertemente pro-choice y un 10% fuertemente pro-life en 1992, a un 35% y 20% respectivamente en la actualidad. Según esta encuesta, el cambio también se observa entre protestantes, posgraduados y jóvenes. Entre los que estaban por debajo de los 30 años en 1992, un 39% era fuertemente pro-choice y un 23% fuertemente pro-life. Con los datos actuales, los jóvenes de 18 a 29 años son en un 36% fuertemente pro-life y un 18% fuertemente pro-choice. Especialmente llamativo es el caso de las mujeres menores de 30 años, entre las que el 40% es fuertemente pro-life y solo el 20% fuertemente pro-choice, justo al revés que hace quince años.


Romper el silencio


Este cambio de discurso no es simplemente una cuestión de marketing, como señalaban las conclusiones del congreso “Mujer y realidad del aborto”: “El aborto ha pasado de ser una estadística a constituirse en una realidad vivida, un problema sanitario, social, y que ya empieza a ser claramente un hecho contado y narrado. Los testimonios de las mujeres son sin duda el relato de la realidad”.


Raimundo Rojas afirma que “al tiempo que más y más y más mujeres llevan a cabo sus abortos, se unen a las filas del movimiento pro vida. Si asistes a una conferencia pro vida en cualquier lugar de Estados Unidos, descubrirás una preponderancia de mujeres”. Señala que la presidencia de NRLC y la dirección de su consejo de administración están ocupadas por mujeres y señala que ellas “lideran el combate”. Algo que empieza a ser también habitual en España.


Esperanza Puente, portavoz de la RedMadre –iniciativa que presta apoyo psicológico y material a mujeres embarazadas– y ella misma víctima de un aborto, dice que “hay que gritar” que “el aborto no es progreso ni proporciona libertad, al contrario: el aborto esclaviza al sufrimiento. Sobre todo, el aborto no es salud, entre otras razones porque tiene consecuencias físicas, consecuencias psicológicas graves y de por vida”. Para Puente, sin embargo, la cuestión del aborto no es un problema exclusivo de la mujer y “va siendo hora de que los hombres asuman sus responsabilidades y obligaciones de sus actos y también que reclamen su derecho a ser padres, puesto que lo son de la misma forma que las mujeres somos madres desde que nos quedamos embarazadas”.


La realidad, en efecto, demuestra que la mujer se enfrenta habitualmente en soledad a una decisión que tiene importantes repercusiones en su vida. Además, la falta de mecanismos legales y la relajación a la hora de aplicar los que existen, hace que la mujer no tenga toda la información necesaria y –en España es lo habitual– que quienes se lucran con el negocio tengan las manos libres para llevar a cabo una práctica abortista sin apenas trabas.


Por ello, las perspectivas de un cambio en el panorama dependen de que “en la sociedad y en la política haya personas preparadas para hacer ese cambio. Personas informadas y formadas que no tengan miedo a seguir adelante aunque se sientan en inferioridad de condiciones ni con mil presiones alrededor”, según Alicia Latorre, presidenta de la Federación de Asociaciones Pro Vida de España.


Los efectos del aborto en la mujer


En muchos aspectos, el aborto se ha convertido en un remake posmoderno y a gran escala de Crimen y castigo. La naturaleza y la conciencia de quienes lo llevan a cabo se rebelan, y la feminidad juega en favor de la vida. Así como se esgrime un supuesto beneficio para la mujer al defender la promoción del aborto, el beneficio para la mujer es la cuña que ya está abriendo brecha en la mentalidad social al respecto en los lugares donde el aborto ya ha tenido tiempo de dejar secuelas, aunque parece quedar una larga temporada hasta que se convierta en paradigma.


“Lo que se pierde en el aborto es una vida humana personal que nos exige ‘recuperar al sujeto’ y cuya pérdida tendrá repercusiones de gran calado en el sujeto que anula al sujeto. Cabe señalar una serie de secuelas que recibe el nombre de síndrome post-aborto (SPA) y que debe considerarse un tipo más de trastorno de estrés postraumático (TEPT). Con características propias cursa síntomas como los depresivos y ansiosos; intensos sentimientos de culpa, remordimientos y deseos grandes de reparación; los sueños recurrentes y pesadillas relacionados con el aborto; empeoramiento del estado anímico en los aniversarios y diversas alteraciones conductuales, como trastornos en la esfera sexual, trastornos de la conducta alimentaría, abuso de drogas”, se lee en las conclusiones del congreso “Mujer y realidad del aborto” organizado por el Foro Español de la Familia.


Van multiplicándose los estudios que estudian las consecuencias físicas y mentales del aborto provocado en las mujeres. El Journal of Anxiety Disorders publicó en 2005 un trabajo sobre el síndrome de estrés generalizado en mujeres que han sufrido un aborto provocado: en ellas se da con un 30% más de frecuencia que en las que han llevado a término un embarazo no deseado. Según otro estudio, aparecido en Acta Paediatrica (2005), las mujeres que han tenido un aborto, espontáneo o provocado, presentan un 99% más de probabilidad de infligir maltrato físico a sus hijos; si el aborto fue provocado, el incremento de riesgo es del 144%. El British Journal of Health Psychology publica (2005) otro estudio del mismo equipo que encuentra mayor riesgo de consumo de drogas en las mujeres que abortaron voluntariamente.


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