Amor o inhumanidad

Hay muchos ejemplos de personas a las que la medicina dio por incurables y hoy están vivas y sanas contra todo pronóstico. Pueden llamar fe o esperanza a lo que mueve a los padres de Alfie Evans a luchar por la vida de su hijo. Pueden llamarlo amor. ¿Qué madre o padre no haría lo imposible por salvar a su hijo?

Son los médicos y los jueces los que han dicho a esos padres que no. Que su hijo va a morir, que ellos no pueden hacer nada por impedirlo. Ya saben que su hijo va a morir, porque todos lo haremos. El caso es que va a morir pudiendo vivir. El caso es que va a morir porque han decidido que muera ahora, prohibiendo cualquier intento de que pueda seguir viviendo.

Puedo y quiero entender que en el plano estrictamente médico se ha hecho todo lo posible por curar al pequeño, que se han puesto los medios y conocimientos necesarios para intentarlo y que, el diagnóstico de incurabilidad, aunque doloroso es cierto. Ha sido desenchufado, y aún así la Vida se abre paso. Respira.

En el plano jurídico, la definición que Ulpiano dio de Justicia es la de “dar a cada uno lo suyo”. ¿De verdad que “lo de Alfie” no es vivir aunque pueda, es negar a sus padres la posibilidad de que se le siga tratando de ayudar en otros Estados que sí se comprometen a hacerlo? Desconozco las normas en las que se ha basado la sentencia, pero desde luego van en contra del sentido común, van en contra del derecho a vivir y van en contra del deseo de unos padres que aman a su hijo.

El próximo 9 de mayo Alfie cumplirá dos años. Y, quién sabe, en 2019 puede que cumpla tres. Y puede que Alfie, adulto y curado, se encuentre alguna vez con el juez Andrew McFarlane, y le mire a la cara con una sonrisa sincera y le diga “no se preocupe señor juez, no tengo odio ni rencor hacia usted, la Vida es mucho más impredecible de lo que parece y siempre merece la pena, y me alegro de que yo le haya ayudado a darse cuenta”.

Tal vez Herodes y su séquito no cambien nunca de opinión, tal vez Alfie no viva mucho más, tal vez sus padres no perdonen a los culpables ni se recuperen nunca del sufrimiento por perder a un hijo que podría estar vivo… O tal vez, esperemos, ocurra todo lo contrario.

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