Cuando la despoblación del mundo rural afecta también al mundo urbano

El medio rural en España abarca el 90% del territorio  y en él reside un 20% de la población (hasta un 35% incluyendo las zonas periurbanas). Históricamente el mundo rural lleva décadas luchando por no perder población.

Los números hablan por sí solos: el 60% de los municipios españoles tenía a 1 de enero de 2016 menos de 1.001 habitantes, ocupaba el 40% de la superficie y apenas concentraba el 3,1% de la población.

Los datos de Eurostat situaban a 19 provincias españolas entre las menos densas de la Unión Europea en 2015. Este importante desequilibrio entre población y territorio es el problema fundamental de una inmensa superficie del centro y norte peninsular caracterizada por: el envejecimiento, una relativa escasez de mujeres producto de una fuerte emigración diferencial por sexos y una inmigración de paso que no ha podido restañar las pérdidas demográficas que afectan a estos lugares desde mediados del siglo XX.

La sostenibilidad demográfica de este conjunto heterogéneo de municipios rurales pende de un hilo y plantea un reto demográfico de primer orden que debe tener en cuenta, a la hora de aplicar políticas públicas, su gran diversidad. Es cierto que la España rural es en sí misma muy heterogénea, sin embargo, todo el mundo rural ha padecido, en mayor o menor medida, los efectos de la despoblación.

En algunas zonas, el flujo económico generado por el turismo rural, las segundas residencias y la existencia de recursos concretos ligados a la propia zona pueden garantizar de facto la continuidad económica y, en menor medida, el mantenimiento de unos mínimos poblacionales.

Sin embargo, la mayor parte de los núcleos rurales no son capaces de retener a los pocos jóvenes que residen, especialmente a las mujeres, y no son atractivos para los potenciales inmigrantes, caracterizados por una elevada circulación que no llega a arraigar en el territorio.

Sin duda, son muchas las razones de peso por las que hay que apostar por un mayor desarrollo de las zonas rurales y desde el Foro de la Familia apostamos con fuerza en resaltar la importancia del desarrollo rural, dando para ello respuesta de las necesidades básicas que hacen posible un futuro sostenible.

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