El “otro” problema de la natalidad

Hemos asistido esta semana a la presentación de un Plan de ayuda a la natalidad, que por primera vez no es un plan en el que se escribe mucho y no se dota de recursos, sino que es un plan real con recursos reales. El Foro ha analizado dicho Plan y elaborado un detallado documento analizando cada una de las 80 medidas que contiene.

No se trata aquí de repetir lo que ya decimos en el documento. Tratamos más bien de analizar los aspectos a los que ningún plan quiere enfrentarse, bien por incómodo o bien por la imposibilidad de revertir el estado de la demografía en España.

Todos hemos leído alguna vez que en los países escandinavos en donde existen mayores ayudas a la maternidad de Europa. Siendo esto cierto, lo que también es cierto es que la natalidad no consigue remontar en esos países y la población sigue envejeciendo. Si analizamos el conjunto de Europa, la situación es dramática y todos los planes de “Next Generation” elaborados por la Comisión Europea quedan en un simple papel sin contenido. Por dar algún dato, en los últimos 40 años, la tasa de fecundidad europea ha caído de 2,6 hijos por mujer en edad fértil a 1,4, con tendencia a seguir bajando. El peso de la población europea en el mundo era del 28% en 1950 y del 9,6% en 2020. Europa cada vez pinta menos en el concierto mundial.

Entonces cabe hacerse la siguiente pregunta: si a pesar de todas las ayudas económicas que se arbitran, cada vez nacen menos niños, ¿qué es lo que está fallando?

Parece ser que la cuestión económica de las familias no es decisiva. ¿Entonces qué es? Algunos partidos en la Comunidad de Madrid, en contestación al Plan del gobierno regional, han respondido con propuestas como la de una prestación por hijo a cargo (exigua, no llega a 100€/mes por hijo menor de 16 años) y, sobre todo, con un “Banco Público de ovocitos y esperma” y, por supuesto, el correspondiente Observatorio o Centro de Estudios para “analizar” la cosa. Es decir, nada… o nada más que gastar dinero de todos en nuevas estructuras donde colocar amigos con el esfuerzo de los demás. Olvidan que las parejas no tienen hijos por no saber cómo hacerlo y necesitar bancos de nada; el problema es otro al que no se quiere hacer frente por lo incómodo que resulta.

Hace poco salió un estudio del BBVA en el que se afirmaba que las mujeres tendrían 2 o más hijos si pudieran. Y en el mismo estudio no solo se referían a problemas económicos o de conciliación. Se trata más bien de que durante años se ha “perseguido” a la maternidad. Ser madre no estaba (está) bien visto: incordia nuestro trabajo, incordia a las empresas que ven como se solicitan bajas de maternidad, incordia a nuestro ocio y descanso, merma nuestros ingresos y reduce nuestra libertad para hacer lo que queramos. Tener más de dos o tres hijos se considera como una tara e incluso se aconseja a las mujeres que hagan cursos y se informen de cómo evitar los hijos. Se fomenta el uso de anticonceptivos, se alienta y promueve el aborto, se persigue a los que piensan de forma diferente… ¿de qué nos extrañamos entonces?

El primer paso para intentar revertir este estado de cosas pasa por engrandecer la maternidad. Pasa por considerar a nuestras jóvenes madres como las heroínas que posibilitan una sociedad viable.

Es indudable que el acceso masivo de la mujer al mercado laboral tiene mucho que ver con la disminución de la tasa de fecundidad. Y también es cierto que esto es así porque, en la mayoría de los casos, las familias necesitan de dos sueldos para salir adelante y en consecuencia anteponen el trabajo al número de hijos, aunque no sea lo que muchas desean.

Si consideramos que la mayor riqueza de un país viene de sus miembros y que un país sin niños está abocado a la extinción, ¿qué pasaría si consideráramos el trabajo en el hogar con un trabajo de verdad por el que se cotiza y por el que se tiene derecho a pensión? Una madre que estuviera al cuidado de sus hijos en el hogar, porque así libremente lo desea, que viera que sus desvelos tienen una compensación por parte de la sociedad a la que están sirviendo en forma de tiempo cotizado, no solo sería un acto de justicia social, sino un gran incentivo para que muchas mujeres eligieran esta opción que las valora y premia su dedicación, no solo a sus hijos sino a la sociedad en su conjunto.

Pero claro, esta medida que ya hemos dicho que sería de libre elección, va en contra de todos los postulados de género que impregnan nuestras leyes y a los que se teme hacer frente; valorar la maternidad y hablar bien de ella es un “pecado” que las fuerzas políticas no quieren cometer.

Pero no hay otra opción. Con dinero paliamos el problema, pero no lo solucionamos. Y mucho menos con Centros de Estudio y con Bancos de esperma que son un insulto a la inteligencia y no proporcionan más que el bienestar de los que se sienten en sus poltronas y laboratorios.

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