Formar en libertad: experiencias en el aula

Ya desde en el año 335 a.C. con Aristóteles y la Escuela Peripatética, que impartían algunas lecciones paseando, se inician los primeros experimentos para que los alumnos aprendiesen de forma personalizada y vieran que el trabajo es esfuerzo más dedicación y que nadie puede hacerlo en su lugar.

El maestro enseña, orienta, guía, exige, pero verdaderamente quien debe esfor­zarse en aprender es el alumno. Dicen algunos expertos que la exigencia atenta contra la igualdad. La única igualdad legítima es la igualdad de oportunidades.

Por los años que llevo ejerciendo en las tareas educativas, he observado que mis alumnos aprenden si se les exige con cariño. La exigencia no es imposición, no es tiranía. La exigencia es liber­tad, y esa libertad hará que cada uno de nuestros alumnos elija un futuro que aporte un beneficio a la sociedad.

Desde hace muchos años utilizo en el aula una metodología didáctica para que los padres se involucren en el aprendizaje de sus hijos. Los padres junto con el profesor fomentan la creatividad, la ilusión y la participación en su formación.

En las primeras semanas de clase, a los alumnos de 10 a 12 años (5º, 6º Primaria y 1º ESO) les anuncio que durante el curso todos deberán exponer un tema libre sobre lo que les gusta y más les apasiona. Les oriento y les propongo que hablen con sus padres. Les explico técnicas, métodos y formas para realizar el trabajo y cómo tienen que hacerlo y exponerlo.

Como es natural, le doy mucha pomposidad al acontecimiento y les preparo un am­biente donde el protagonismo del alumno es lo más importante, sin olvidar, claro está, el enriquecimiento que aporta al resto de la clase y a los invitados; padres, herma­nos, abuelos, compañeros de otras clases, jefe de estudios, director, etc.

La exposición la pueden hacer en el aula del curso, en el salón de actos o donde ellos elijan. Les preparo una jarra de agua con su vaso, un puntero o lapicero láser para señalar, les dejo la mesa y el asiento del profesor y solo les permito sobre la mesa una octavilla, que les sirve de índice, para desarrollar el tema que van a exponer a sus compañeros e invitados.

Insisto que doy toda la libertad para que elijan el método que quieran. Pueden utilizar métodos simples o más tradicionales como posters, cartulinas o esquemas pegados al encerado y que le sirvan para ilustrar su exposición o métodos más innovadores y complicados como las transparencias, diapositivas, PowerPoint, cañón de proyección, Ipad, etc. El tiempo de la exposición oscila entre los 10 y 20 minutos.

No podemos imaginar la capacidad que tienen los niños en estas edades para ad­quirir hábitos, técnicas e infinidad de experiencias que les enriquecen como estudiantes.

Los temas que eligen son muy diferentes y casi siempre van en paralelo al am­biente y profesión de los padres. Por ejemplo: la bomba atómica, la gripe aviar, la diabetes, el universo, los volcanes, la organización del ejército romano, los códigos a través de la historia, los castillos en la Edad Media, la torre Eiffel, la mitología griega, el lince ibérico, los hámster, el caballo, la elaboración del aceite, del vino, del pan o del jamón, el tuneado en los coches, la fabricación de una puerta de madera o de una ventana de hierro, etc., sin olvidar tampoco, personajes históricos como por ejemplo, Cristóbal Colón, Ramón y Cajal, Velázquez, Miguel Ángel o los Reyes Católicos entre otros. Y, por último, la historia de los equipos de fútbol como el Real Madrid, el Barcelona, etc.

No olvidemos que, cuando el alumno está desarrollando su exposición, el resto de sus compañeros va tomando nota de lo que expone, pues al día siguiente, el profesor pregunta a cualquier alumno sobre lo expuesto. Cuando el ponente acaba su disertación, se abre un turno de preguntas, bajo la supervisión del profesor, que es quien modera, pues pueden salirse de lo que el alumno ha expuesto o no estar bien formuladas. Durante la charla, se hacen varias fotografías al conferen­ciante y al día siguiente se cuelga en la página Web del colegio como noticia importante.

¿Cuál es el fin didáctico de esta experiencia?

Adquirir vocabulario, desarrollar capacidad de expresión oral y escrita (pues cada alumno me remite por escrito su trabajo para ser supervisado antes de la exposición), recopilación y organización de datos. Aprenden a sintetizar, a subrayar, a redactar y captar lo más impor­tante de un texto. En resumidas cuentas, aprenden a estudiar.

Esta actividad se desarrolla en la asignatura de Len­gua Española. Pero hay otras actividades que complementan a otras asignatu­ras del currículum escolar y las llamo rincones experimenta­les. Hay rincones de Biología, Zoología, Botánica, Geología, Lengua, Matemáticas, Geografía, Arqueología, etc.

Dentro de cada rincón existen diferentes objetivos y activida­des que van descubriendo los alumnos de forma individual, con el asesora­miento del profesor o maestro.

Por ejemplo, en el rincón de Biología, Zoología o Botánica se crían animales co­mo insectos (gusanos de la harina y de la seda) mamíferos (hámster), aves (canarios e híbridos), bacterias que transforman la leche en yogur (Kéfir), sembramos variedades de plantas y árboles; los alumnos las cuidan y cuando se acaba el curso se las llevan a casa. También les enseño cómo se hace un bonsái, como se siembra por esqueje o como se hace un injerto. En el rincón de Lógica y Matemáticas se juega al ajedrez, al tangram y se plantean actividades orientadas al pensamiento lógico abstracto. En el rincón de Lengua Española se orienta hacia la lectura (biblioteca del aula), composición escrita (prosa y poesía), teatro, etc. En el rincón de Geografía se estudian los mapas, las escalas o los paí­ses. Y así sucesivamente con otras áreas que a los alumnos les puedan interesar.

¿Cómo funciona esto?

Cuando cada alumno ha terminado su trabajo, programado en las diferentes áreas por cada uno de los profesores y dentro del currículum, él mismo, elige, crea, participa y se identifica con lo que le gusta, dirigiéndose al rincón que le atrae. De aquí su libertad para escoger, cuando sea adulto, lo que realmente le agrade. El conocimiento de la varie­dad hace que nuestros alumnos, en libertad, se identifiquen con lo que verdaderamente les apasiona y que será la antesala de su futuro.

Por D. José Ramón Talero Islán, profesor de Educación Primaria.

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