Libertad, calidad. Calidad, libertad.

Todos los padres tienen derecho a elegir la educación de los hijos. Es un derecho obvio reconocido en el artículo 27 de la Constitución; en la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), art. 26, que señala el derecho preferente de los padres; y en la Declaración de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (2000), art. 14, que garantiza el derecho de los padres a “la educación y la enseñanza de sus hijos conforme a sus convicciones religiosas, filosóficas y pedagógicas”.

Ante una posible nueva Ley de Educación como resultado de un pacto educativo, las familias alzamos la voz en defensa de nuestros derechos.

De manera general se tiende a interpretar que la defensa de la libertad de enseñanza se refiere a salvaguardar el derecho de los titulares a constituir centros educativos, a dirigirlos y a establecer un ideario aceptado por la Comunidad Educativa como garantía de coherencia con el proyecto educativo del centro.

A menudo se entiende que quienes deben representar la defensa de la libertad son los representantes de los titulares y las patronales, olvidando que los verdaderos protagonistas de la educación son los padres, los usuarios del sistema, que además son quienes sufragan la mayor parte del coste del sistema educativo a través de los impuestos.

Querer elegir el modelo educativo de los hijos no es un lujo, es un deber que responde a la naturaleza de las cosas. La educación es un servicio de interés general que las autoridades públicas deben garantizar sin excepción; el Estado debe asegurar a todos el acceso a la educación que desean y, en particular, ha de suplir a la iniciativa de la sociedad civil allí donde no llegue. Pero son los padres los titulares del derecho a la educación de sus hijos; son los padres los que tienen derecho a que esa educación se realice de acuerdo con sus convicciones morales, religiosas y pedagógicas.

Son muchos los países de nuestro entorno que, habiendo apostado verdaderamente por la variedad de modelos educativos, han conseguido que exista una verdadera calidad educativa en la escuela pública. Para ello, el sistema educativo ha tenido muy en cuenta el papel de los padres y su papel como primero agentes educadores en la sociedad. Esto ha permitido crear escuelas de alta calidad educativa lo que ha generado una mayor demanda, tanto en la escuela pública como en la privada, al permitir una verdadera libertad de elección en la educación.

Cuando no se aprovecha la energía de la sociedad para resolver los problemas sociales, todo resulta complicado y caro. Cuando se cuenta con la sociedad, los poderes públicos pueden asegurar mejor la igualdad de oportunidades. Los padres tienen de su parte la Constitución y las leyes internacionales; el sentido común del legislador ha de tener en cuenta el marco de libertad establecido en esas Normas.

Mariano Calabuig, presidente del Foro de la Familia.

1 Comentario

  1. Estoy completamente de acuerdo con el contenido de «Libertad, calidad. Calidad, libertad», pero, tal y como está redactado, cuando se formula el derecho-deber de los padres a elegir el tipo de educación puede dar la impresión de que todo se reduce a elegir el tipo de colegio. Considero esto un reduccionismo que además encierra en sí mismo implícitamente la negación de otro derecho anterior que es esencial e irrenunciable: la no escolarización.
    A este respecto recomiendo leer el interesantísimo trabajo del prof. Teófilo González Vila «EDUCACIÓN OBLIGATORIA Y ESCOLARIZACIÓN VOLUNTARIA»: https://ateneullibertariu.files.wordpress.com/2014/04/educacic3b3n-obligatoria-y-escolarizacic3b3n-voluntaria1.pdf del cual copio abajo el apartado 2.1.3.
    Al final de este apartado podéis ver una categórica afirmación muy comprometedora para ver si de verdad se defiende a la familia o estamos hablando de otros intereses, buenos pero secundarios. Me refiero a la frase: «Podemos decir que la actitud que se adopta ante la homeschooling es el mejor “test” de la sinceridad y firmeza con que se defiende la libertad educativa de los padres y, en suma, la libertad, sin más.»
    Saludos muy cordiales,
    @JFCalderero

    2.1.3.El derecho a proporcionar a los hijos la educación sistemática íntegra exclusivamente en casa, sin escolarizarlos (o homeschooling). Un modo –digamos en tercer lugar– en que también pueden los padres ejercer legítimamente su derecho a decidir el tipo de educación de sus hijos es el de proporcionar a sus hijos la educación sistemática íntegra exclusivamente en casa, sin escolarizarlos en ningún centro educativo. En esta opción de la educación “en familia” o “en casa” (homeschooling) los padres asumen de modo inmediato
    la entera educación de sus hijos y se la imparten bien ellos mismos solos, bien ellos con la ayuda de otros agentes educativos, como, p.e., otros padres, maestros o profesores a domicilio, o bien sólo éstos bajo la supervisión inmediata, en todo caso, de los padres.
    Ciertamente el derecho de los padres a decidir el tipo de educación de sus hijos está referido, obviamente, en primer lugar a la acción educadora que ellos mismos (en cumplimiento de lo que es a la vez un grave, ineludible e intransferible deber) han de llevar directamente a cabo en cualquier caso y, por tanto, también en el de que lleven a sus hijos a un determinado centro educativo, según la efectiva preferencia de la mayoría y la actual indebida imposición de las leyes educativas. Según se ha dicho, debe reconocérseles a los padres el derecho a ser ellos mismos quienes lleven a cabo o en todo caso dirijan íntegramente de modo inmediato la
    educación de sus hijos “en casa”, sin escolarizarlos y en los sensatos términos en que defienden la homeschooling la mayoría de sus partidarios, que lo hacen de modo asociado y organizado. Esta opción de la homeschooling puede suscitar al menos reticencias en sectores sociales muy diversos y por diversas razones, entre las que cabe señalar desde la mentalidad estatista hondamente interiorizada en amplias capas de la población hasta los intereses profesionales y empresariales vinculados al sistema de enseñanza escolarizada. Algunos pueden superar los temores vinculados a esos tipos de intereses con la consideración de que, hoy por hoy, cabe pensar que la homeschooling seguirá siendo la opción de una minoría casi imperceptible. Pero es evidente que, en cualquier caso, deben sumarse a su defensa, por elemental coherencia, cuantos se confiesan a favor de la libertad de enseñanza y proclaman con el mayor énfasis el derecho educativo preferente de los padres. Podemos decir que la actitud que se adopta ante la homeschooling es el mejor “test” de la sinceridad y firmeza con que se defiende la libertad educativa de los padres y, en suma, la libertad, sin más.

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Utilizamos cookies de Google Analytics para analizar el comportamiento de los visitantes de la web y ver el contenido que más os interesa, también cookies de Addtoany para permitir compartir contenido. Si sigues navegando por nuestra web entenderemos que aceptas el uso de estas cookies. Más información sobre las cookies que utilizamos en nuestra Política de cookies.