Foro de la familia

Un cambio en el paradigma cultural (II)

¿Qué sucede en 2010? El aborto libre, de hecho, ya existía. Por un prejuicio ideológico y para salvar las responsabilidades penales de algunas clínicas abortistas implicadas en procesos penales, se decidió dar un salto adelante con la Ley Aído. ¿Qué supone esta ley? Que el aborto deja de ser delito, para pasar a ser un “derecho” básico de la mujer equiparado a su derecho constitucional a la salud. Es decir, con esta nueva ley, durante las catorce primeras semanas del embarazo, el no nacido no tiene ninguna protección; el Estado se desentiende de él, puede ser suprimido a petición de la madre sin más. Además, como ideológicamente se considera al aborto como un derecho, éste debe ser garantizado y financiado por el Estado. Pasamos de un delito que no se castiga a un presunto derecho. Es un salto cualitativo. Ya que las leyes no sólo tienen una eficacia normativa, sino también pedagógica, la Ley Aído tiene el efecto nefasto de que el aborto se banalice aún más en la conciencia colectiva.
La ley del 2010, además, mantiene hasta la semana veintidós los supuestos de la ley anterior. Hasta la semana veintidós podía seguir abortándose alegando grave peligro para la vida o salud física o psíquica de la madre, con la interpretación de “salud psíquica” que se venía haciendo. Y no se quedaba ahí: también establecía que hasta el final del embarazo, sin límite ninguno, se podría abortar en los supuestos eugenésicos.
Además ésta es la única ley del mundo que dedica sus 11 primeros artículos a legalizar la filosofía de la visión de la sexualidad y del hombre para justificar el aborto como un derecho. De hecho, la ley se denomina “Ley orgánica 2/2010 reguladora de la salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo”; además de regular lo que llama interrupción voluntaria del embarazo impone como obligatoria en la educación y la sanidad la visión de la sexualidad de la ideología de género, que es esa triste visión de la persona, sin criterio, sin nexos, con una libertad autónoma no vinculada que, sin criterio previo de ningún tipo, configura su propia sexualidad y decide sobre ella. Para esta mentalidad el único criterio moral es la libertad absoluta del sujeto, y la libertad para obtener placer sexual; por tanto, todo lo que limite la libertad sexual, por ejemplo el embarazo, hay derecho a eliminarlo con la complicidad y financiación del Estado.
Por este motivo la de 2010 es la peor ley del mundo en materia de aborto, no porque sea la que más casos despenalice o en plazos mayores, sino porque introduce una profundísima carga ideológica de justificación del aborto en el propio articulado de la ley. En esos 11 artículos se preveía expresamente que todo el sistema sanitario y educativo español debería inspirarse para sus prestaciones en esta visión de la sexualidad. Estamos ante una ley terriblemente ideológica e impropia de una sociedad plural y respetuosa de la libertad ideológica y religiosa.

Un dato relevante. ¿Qué pasó cuando se aprobó en 2010 esta ley? Un dato relevante. Que una parte importante de la sociedad española protestó. Salimos a la calle, reunimos en Madrid un millón de personas, participamos en los debates. Esa protesta callejera, esa visualización pública de que una parte importante de la sociedad española no quería acostumbrarse al aborto, presionó al PP a introducir en su programa electoral el compromiso de derogar esa ley. Esa masa de ciudadanos activos que defienden la vida es la que ha motivado que hoy estemos debatiendo este nuevo anteproyecto.
¿Y por qué se debate en España y no en otros países? Porque aquí no nos hemos acostumbrado al aborto. En otros países de nuestro entorno europeo – la secuela temporal empieza con la sentencia del 73 del Tribunal Supremo americano, luego Francia, Alemania e Italia entre el 75 y el 78 –, el aborto ha dejado de ser tema de debate. En las campañas electorales de Gran Bretaña, Francia, Alemania e Italia no se habla del aborto.
En España hemos seguido hablando siempre del tema, por tres razones: porque ha habido muchos ciudadanos en España que han seguido diciendo sí a la vida; en segundo lugar, porque hemos creado movimientos solidarios con compromiso activo en la ayuda a la mujer, y por lo tanto transmitimos confianza práctica en que es posible evitar abortos; tercero, porque ha habido políticos, del Partido Popular en concreto, que durante todos estos años, entre la incomprensión muchas veces de la calle y de los colegas del partido, han seguido fieles a la defensa de la vida. Esta es la singularidad española que permite que hoy estemos debatiendo este anteproyecto. España va a ser punta de lanza de la reversibilidad del aborto en el siglo XXI.

El anteproyecto. ¿Qué supone el nuevo anteproyecto de ley actualmente a debate? En primer lugar, no es una ley del aborto. Esta es una gran novedad histórica. Ha habido otros países que han dado marcha atrás con el aborto, como Polonia, pero han seguido haciendo leyes más restrictivas, pero leyes del aborto. Esta ley es lo que indica su título: una Ley orgánica para la protección de la vida del concebido y de los derechos de la mujer embarazada. Supone un cambio de paradigma cultural. ¿Por qué? Porque parte de lo que dijo el TC: si la vida es un bien amparado por la Constitución, la ley debe redactarse en clave de protección, aunque al final esa protección pueda no ser tan universal como desearíamos.
Por analizar un ejemplo concreto, una de las medidas que incorpora este anteproyecto y que más ha removido a la opinión pública, es la supresión del aborto eugenésico. ¿Por qué se suprime? Porque, al ser una ley de protección al concebido, se puede, hipotéticamente, levantar esa protección cuando entre en conflicto grave con otro bien, pero nunca se puede hacerlo por lo que le pasa a él; y la discapacidad es algo que le pasa al concebido. Sería incongruente hacer una ley de protección del concebido y mantener el supuesto eugenésico. Está claro que cuando se cambia la óptica, cambia la visión de las cosas.

 

(Continuará…)

Un cambio en el paradigma cultural (I)

Artículo publicado en la Revista Huellas,

Benigno Blanco , Presidente del Foro de la Familia

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