Un estudio muestra la escasa eficacia de las medidas para conciliar vida familiar y laboral

Las medidas adoptadas hasta el momento en España para que sea posible conciliar vida familiar y laboral son modestas y además resultan poco eficaces porque hay muchas mujeres -a quienes van dirigidas en buena parte de los casos- que no están en condiciones de disfrutar de ellas. Éste es el diagnóstico que realiza la Fundación Encuentro en su ‘Informe España 2004’, presentado ayer en un acto al que acudió la ministra de Educación, María Jesús San Segundo. Por eso, los autores del trabajo reclaman nuevas políticas, pero sobre todo plantean la necesidad de un profundo cambio cultural y la asunción por parte de las empresas de un compromiso para facilitar que sus trabajadores puedan atender de forma razonable sus problemas domésticos.

Como cada año, el informe de la Fundación Encuentro analiza en profundidad varios aspectos de la realidad social española. Uno de ellos, el dedicado a los desafíos de la conciliación entre vida familiar y laboral, pone de relieve, a juicio del equipo investigador, encabezado por José Luis Martín Patino, la escasa eficacia de las políticas aplicadas para hacer frente a uno de los problemas más acuciantes en muchos hogares españoles.

A esa conclusión se llega tras constatar que el número de hogares encabezados por dos adultos en edad de trabajar ha crecido mucho en una década, pero está aún muy por debajo de la media europea. Además, hay una regla de cumplimiento general: a más hijos de edad inferior a 15 años, menor porcentaje de madres activas. En los hogares donde ambos cónyuges trabajan, los problemas se acumulan. Problemas que crecen por el muy escaso número de personas que trabajan a media jornada por elección propia (en Holanda, país puesto a menudo como ejemplo de protección social, en casi el 60% de los hogares uno de los dos tiene un empleo a tiempo parcial) y la extensión de la jornada partida, que supone en la mayor parte de los casos que los padres apenas si ven a sus hijos de lunes a viernes.

La escasez de centros dedicados a la atención a los niños en edad preescolar y la tendencia que en España se da de forma especialmente notoria a alargar la jornada porque suele ser considerado como un factor positivo de cara a la promoción -sin embargo, con jornadas tan largas, es uno de los países con menor productividad- generan efectos muy negativos, según los autores del informe. Para los padres, por la presión que les supone verse atrapados entre las exigencias de la empresa y el hogar, lo que suele derivar en estrés, depresiones, desavenencias conyugales y, en definitiva, una notable reducción de la calidad de vida. Para los abuelos, que deben asumir una parte del tiempo de atención a los niños. Y para las empresas, porque el rendimiento de sus trabajadores disminuye, como consecuencia de la menor atención y de eventuales retrasos y ausencias. Diferentes estudios citados en el informe sitúan más o menos en un 15% el volumen de trabajadores que reconocen verse afectados por alguno de esos problemas.

Razones

En ese contexto, ¿por qué son poco eficaces las políticas de conciliación puestas en marcha, en especial las que se refieren a excedencias y reducciones de jornada? En primer lugar, porque muchas familias no pueden permitirse reducir sus ingresos justo en el momento en que han aumentado de forma notable sus gastos. Tampoco para las mujeres con un contrato temporal (son el 29% de las que tienen entre 30 y 39 años, justo la etapa en que nacen sus hijos) son una solución. Incluso las que disponen de un contrato indefinido ven con temor la posibilidad. Datos cantan: un estudio realizado en Madrid desvela que una de cada tres mujeres que han pedido reducción de jornada y una de cada cinco que han tramitado una excedencia entienden que su carrera profesional se ha visto perjudicada por ello.

En esa tesitura, quienes cargan con buena parte de las tareas del cuidado de los niños son las abuelas, en general las maternas. Sin embargo, éste es un recurso que en el futuro será más escaso, por tres razones: la movilidad laboral, que convertirá en habitual que las parejas no vivan en la misma ciudad que sus padres; la cada vez más elevada edad de las abuelas, como consecuencia del continuo postergamiento del momento de tener los hijos; y el propio trabajo profesional de esas abuelas, dado que si hoy son pocas las que tienen un empleo, en un par de décadas esa situación habrá cambiado drásticamente, cuando lleguen a esa situación las mujeres que ahora rondan los 40 años.

A partir del examen de las medidas adoptadas en países donde parece más fácil compatibilizar la realización personal que supone desarrollar una carrera profesional -y los ingresos que aporta- con la debida atención a los hijos, el equipo de Martín Patino propone una serie de medidas que deben ser aplicadas por agentes diversos. La Administración, en primer lugar, debe diseñar un marco legal que facilite, con medidas fiscales y laborales más sofisticadas y menos discriminadores que las actuales, la conciliación. Además, es preciso que acometa la creación de centros de atención a niños de hasta 3 años, capítulo éste en el que España se sitúa a la cola de Europa.

También las empresas deben entender que un trabajador que pueda atender sus obligaciones familiares es un trabajador satisfecho, que se siente bien tratado por su empresa y que por tanto rinde más. A juicio de la Fundación Entorno, las empresas tienen que asumir que el hecho de que las parejas tengan hijos -y por tanto los cuiden- es positivo socialmente. Una posibilidad muy interesante es la creación de un ‘certificado de empresa familiarmente responsable’ para las que acrediten que dan suficientes facilidades a sus trabajadores para ello. Esa consideración sería un elemento de prestigio social, similar al que se adquiere al demostrar que se cuida del medio ambiente.

Pero nada de eso sería muy eficaz sin una implicación completa de los varones en el cuidado de niños y mayores, dicen Martín Patino y su equipo. Este cambio cultural, que apenas si puede ser impulsado legislativamente -aunque es posible fijar permisos que sólo puedan disfrutar los hombres- es la gran tarea pendiente para conseguir un equilibrio entre vida laboral y familiar satisfactorio para todas las partes.









MEDIDAS PROPUESTAS


Permisos

Capacidad de disfrutar de permisos de emergencia, con o sin remuneración o con posibilidad de recuperar el tiempo de trabajo.

Excedencias o permisos por maternidad y paternidad, o por el cuidado de mayores, en las mismas condicines del apartado anterior.

Condiciones de trabajo

Reducción de la semana laboral a cuatro días y medio, o menos.

Flexibilidad horaria semanal.

Cambio de jornada completa a media jornada, a petición del trabajador.

Trabajo compartido o a domicilio por motivos familiares.

Servicios de cuidado

Guarderías en el puesto de trabajo o en centros dependientes.

Atención a los niños durante las vacaciones escolares.

Ayuda económica para guarderías y para atención a mayores.

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