DDHH, 70 años ¿de avance o retroceso?

Llevamos todo un año con la campaña del 70 aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos… y aún  así, debemos resaltar lo obvio: los derechos humanos universales deberían empezar por la VIDA, porque si no la respetamos, protegemos y fomentamos ¿de qué estamos hablando? Si no hay vida, no tiene sentido que existan los demás derechos fundamentales, es un derecho necesario para poder concretar todos los demás derechos universales. El derecho a la vida corresponde a todo ser humano, está vinculado al carácter humano y a la dignidad de las personas. Todo ser humano, sin excepción, merece el respeto incondicional por el simple hecho de existir y estar vivo, de tener la oportunidad de vivir su propia vida.

“Cuando se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948, la cultura occidental todavía reconocía la existencia de una “ley natural”, de un orden “dado” al universo (y por lo tanto de un “dador”): “todos los seres humanos han nacido libres e iguales en dignidad” (artículo 1). La Declaración Universal habla, por lo tanto, de una dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana. Si es inherente, la dignidad humana debe ser reconocida, y los derechos humanos deben ser declarados, no fabricados ex nihilo. En 1948, el concepto de universalidad estaba relacionado con el reconocimiento de la existencia de estos derechos. La universalidad tenía una dimensión trascendente y, por lo tanto, implicaciones morales. Los derechos humanos universales se hicieron radicalmente autónomos de todo marco moral objetivo y trascendente. El principio puramente inmanente del derecho a elegir es el producto de ese divorcio. La postmodernidad reclama el derecho a ejercer la libertad personal contra las leyes de la naturaleza…Vuelve a fundamentar el imperio de la “ley” y la democracia sobre el derecho a elegir, en el que incluye, en nombre de una nueva ética, el derecho a tomar decisiones intrínsecamente malas…” Marguerite Peeters en La nueva ética mundial.

Esas decisiones intrínsecamente malas llevan a una sociedad a corromperse, quien no vela por el Derecho a la Vida se desintegra. El derecho a la vida significa el derecho a no ser matado, constituye la prohibición formal de causar intencionadamente la muerte a una persona. El derecho a la vida no solo protege a las personas de la muerte, sino toda forma de maltrato o violencia que haga su vida indigna. Así, atentan contra la vida, el genocidio (exterminio de un grupo por su nacionalidad, religión, raza o etnia), el terrorismo, la tortura, el secuestro o la desaparición forzada de personas (terrorismo de estado), la esclavitud y los malos tratos. La Cultura de la vida es una expresión con la que se pretende resumir una línea de pensamiento, propia de la religión católica y otras confesiones religiosas, respecto a la vida humana, según la cual ésta debe respetarse desde la concepción en el seno materno hasta la muerte natural. La cultura de la vida es contraria a las prácticas que considera destructivas de la vida humana, como la investigación de células madre embrionarias, el aborto, la eutanasia, el homicidio, el suicidio y la guerra. Esta cultura ha sido contrastada por personalidades políticas y religiosas con la llamada “cultura de la muerte”, expresión empleada por políticos, filósofos y teólogos para englobar su pensamiento ético respecto a estos temas sin tener que explicarlos uno por uno.

En nuestro mundo seguimos distinguiendo a las personas por la raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición, además de distinguir la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción depende una persona. Y todo esto genera conflictos sociales, bélicos, persecución religiosa o ideológica, etc. La dignidad de la persona es el fundamento de los derechos humanos y razón de ser del Derecho. A pesar de que sobre la persona y su dignidad se ha escrito y debatido mucho, lo cierto es que todavía no existe suficiente consenso como para extender la protección de los derechos a todos los seres humanos. Actualmente asistimos a una transformación del concepto de persona que trae como consecuencia la exclusión de un gran número de seres humanos de la titularidad de sus derechos más fundamentales.

¿Derechos Humanos para todos?

El ser humano y la persona conforman a la especie humana en su totalidad. Se trata de conceptos que en conjunto describen cada uno de los aspectos biológicos, históricos y culturales -entre muchos otros- que le han dado forma a la historia de la humanidad y han permitido que el hombre haya llegado a donde se encuentra hoy en día:

El hombre, ser humano, es un animal que pertenece a la especie Homo Sapiens. Esta especie del orden de los primates y familia de los homínidos corresponde al hombre y la mujer modernos. El ser humano se caracteriza por poseer capacidades intelectuales extraordinarias: el uso de estructuras lingüísticas complejas, la lógica, las matemáticas, ciencia y tecnología, todo tipo de expresiones artísticas, etc. El ser humano es dentro de su generalidad, el estuche que alberga todos los aspectos que definen a una y a todas las personas. Sin embargo, se puede decir que principalmente se define a partir del aspecto biológico, químico y evolutivo.

Una persona es un individuo de la especie humana, ser dotado de razón, consciente de sí mismo y poseedor de una identidad propia. Dentro de este concepto se engloban los aspectos culturales, las tradiciones, costumbres, psicología y demás aspectos que definen a cada persona como individuo dentro de una sociedad. El concepto de persona es totalmente único para cada uno de los individuos que forman parte de la especie humana. Tanto los individuos, como los grupos humanos, se definen en cada civilización por sus aspectos religiosos, filosóficos y culturales.

En pleno siglo XXI siguen existiendo diferentes formas de esclavitud. La libertad de pensamiento, de conciencia, de educación y de religión brilla por su ausencia en muchos lugares del planeta de manera clara o velada… ¡la pobre libertad! En nombre de ella ¡cuantos desatinos! Existen estados, grupos y personas, que emprenden y desarrollan actividades o actos tendientes a la supresión de cualquiera de los derechos y libertades proclamados en esta Declaración. Derechos y libertades…si no tenemos una idea antropológica del hombre que sustente estos derechos y libertades, unos valores éticos trascendentales acerca de la persona, ¿cómo vamos a vivirlos y luchar por ellos? Durante estos 70 años en Occidente y Oriente, en el Norte como en el Sur, os pregunto ¿hemos avanzado en los Derechos Humanos?, ¿cuáles son nuestros valores universales que nos impulsan? ¿qué idea tenemos del hombre y su dignidad? ¿luchamos por nuestros derechos y libertades? ¿qué hacemos, en nuestro día a día, para mejorar la situación actual?

 

 

 

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