Héroes

La heroicidad se define en la RAE como la realización de una acción muy abnegada en beneficio de una causa noble. La abnegación, a su vez, consiste en el sacrificio o la renuncia a los propios deseos o intereses. Es complicado encontrar estas cualidades en el auge del individualismo imperante, que exalta el vivir para uno mismo, exige convertir los deseos en derechos y la responsabilidad brilla por su ausencia.

Pero que sea complicado no quiere decir que sea imposible. Basta con observar a nuestro alrededor, en cualquier calle, para encontrarse con una persona mayor paseando un carrito de bebé, o haciendo la compra de la mano de un niño, o sentada en un banco de un parque mientras los pequeños se columpian.

Personas que sí crecieron conscientes de la importancia del trabajo, con un gran sentido de la responsabilidad, que tuvieron y criaron a sus hijos en tiempos no tan prósperos, con gran esfuerzo y, precisamente, abnegación. Por la noble causa de sacar adelante a su familia. Personas que siguieron trabajando y que años más tarde volvieron a cuidar de sus hijos adultos, sosteniendo a su familia y al país entero durante la crisis. Por un bien mayor. Por amor. Por responsabilidad. Personas que hoy siguen cuidando de los hijos de sus hijos, en medio de esta vorágine de un mercado laboral necesitado de políticas que permitan conciliar. Personas que estuvieron, que están y que estarán siempre.

Los grandes héroes de nuestra sociedad, los grandes héroes de cualquier familia: los abuelos.

Personas comprometidas, acostumbradas a arreglar aquello que se rompía, y no a tirarlo y sustituirlo por otro nuevo. Acostumbradas a hacer lo que toca, y no lo que apetece. A disfrutar cuando lo que apetece coincide con lo que toca. Personas que no buscan mayor reconocimiento que el de servir y querer a su familia. Cuánto hemos aprendido y cuánto seguiremos aprendiendo si nos paramos simplemente a observarlos.

El número de matrimonios se desploma y la natalidad con ellos, mientras que los divorcios aumentan progresivamente. Aquí seguimos mirando para otro lado, pasando la patata caliente legislatura tras legislatura, esperando que le explote al siguiente. Seguimos inmersos en debates de investidura, hablando de pactos y sillones en los que las únicas referencias a la familia son para hablar de ideología y de eutanasia.

No está todo perdido, vemos cómo países de nuestro alrededor sí son conscientes del problema y se lo toman en serio. El último, Dinamarca, devastado por las consecuencias de la ley del “divorcio express” y que ahora promociona activamente la orientación familiar como paso previo al fracaso de la ruptura ofertado como solución.

Necesitamos más héroes. Menos mal que aún tenemos tantos a nuestro alrededor, haciendo lo que tienen que hacer (mucho más de lo que tienen que hacer, para ser justos), sin aspavientos, sin esperar recompensas, sin un reconocimiento social más que merecido. Gracias, abuelos.

En septiembre retomaremos nuestra actividad, con nuevos proyectos en los que estamos trabajando con ilusión y constancia. Esperamos que pasen un feliz verano y que aprovechen para crecer en familia, para cuidar y aprender de sus héroes y para coger energía para tantos retos que tenemos por delante.

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