La familia o la nada

Decíamos hace dos elecciones generales que en España ésta sería la legislatura de la sociedad civil, previendo la formación de un gobierno alejado del respeto a la dignidad humana y a la garantía y defensa de las libertades.

Apelábamos, y seguimos apelando, a la responsabilidad personal de cada uno de nosotros para con nosotros mismos y para con nuestra sociedad. A no reducir el ejercicio de dicha responsabilidad a introducir una papeleta en una urna confiando en que otros resolverán nuestros problemas, o que defenderán nuestras causas nobles. Si eso ocurriese, sería una ayuda notable, ciertamente, pero hemos de ser conscientes del papel que desempeñamos en nuestro tiempo y en nuestro entorno, y actuar en consecuencia.

Con este mastodóntico gobierno, nuevo en personas y viejo en ideas, vienen fuerte la eutanasia, el aborto, la imposición ideológica, la suplantación de los padres en nuestro papel educador, la discriminación por razón de opinión, la estigmatización de la Familia y el desprecio a la verdad. Ni siquiera un mes han necesitado para darnos evidencias claras de cada punto enumerado.

Somos las familias quienes hemos de despertar primero para así despertar en nuestros gobernantes la obligación irrenunciable de escucharnos, de respetarnos y de dirigir el funcionamiento de una sociedad mejor para todos. Y esa sociedad será la que acoja y proteja a los más débiles (enfermos terminales, no nacidos, víctimas de discriminación y de violencia, personas sin recursos, etc.); la que garantice la libertad y la igualdad en derechos y obligaciones de manera efectiva (sin imponer criterios ideológicos, sin privilegiar a minorías castigando a la mayoría); la que encuentre en la Familia tanto el eje vertebrador de una sociedad cohesionada y fuerte como la solución a tantos problemas sociales y demográficos que hoy siguen sin abordarse atendiendo a la realidad; la que no se vea sometida al estado, sino respaldada y representada por él.

Eje vertebrador

Hemos de ser las familias las que sin miedo y con determinación propongamos alternativas constructivas frente a imposiciones restrictivas.

Las que señalemos el camino que aún hay por recorrer en la implantación de un sistema homogéneo y de calidad de cuidados paliativos, encaminado a eliminar el sufrimiento innecesario de las personas (distinto a eliminar a las personas que sufren), antes siquiera de plantear un debate -cuánto menos una ley- sobre la eutanasia.

Las que señalemos el campo aún por explorar para que nuestro sistema de enseñanza responda a los estándares de calidad a los que aún no llega y que todas las libertades inherentes al derecho de educación (de centros, profesores y familias) se vean protegidas y garantizadas de manera efectiva, antes siquiera de plantear un debate –cuánto menos una ley- sobre la implantación de una ética estatal o de un sistema exclusivo y excluyente al servicio de los gobiernos de turno.

Hemos de ser las familias las que indiquemos lo que aún hay por hacer en lo que al respeto y protección de la vida humana y lo que al reconocimiento social e institucional de la maternidad se refiere, tantas medidas concretas por abordar de apoyo y, si me permiten, de verdadero “empoderamiento” –el 75% de las mujeres españolas desean tener dos o más hijos, mientras que la tasa de fecundidad está en 1,31 hijos por mujer-, antes siquiera de plantear un debate –cuanto menos una ley- sobre el aborto.

En definitiva, o es la Familia, o España no será. Hablemos bien de las cosas buenas. Despiertos, atentos y comprometidos.

Javier Rodríguez
Director general del Foro de la Familia

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