‘Bestias del sur salvaje’

Este primer largometraje del neoyorquino Benh Zeitlin —autor del galardonado corto Gloria en el mar— ganó el Gran Premio del Jurado en Sundance y la Cámara de Oro y los premios Fipresci, de la Juventud y del Jurado Ecuménico en Cannes. Ahora opta nada menos que a cuatro Oscar importantes. Ciertamente, no es una película para todos los paladares; pero funciona como fábula moral, y aporta, sin duda, una mirada distinta al cine contemporáneo.

La intrépida e imaginativa Hushpuppy, de seis años, vive en La Bañera, una paupérrima comunidad, perdida y orgullosa, instalada en una zona pantanosa entre los meandros del río Mississippi, a la que un inmenso dique separa del resto del mundo. Hace tiempo que la madre de Hushpuppy se fue, y su adorado y alocado padre, Wink, está siempre de juerga. Así que la niña debe aprender a sobrevivir en medio de la nada, rodeada de tipos singulares y animales semisalvajes. Ella percibe la naturaleza como una frágil red poblada de cosas que viven, respiran y expelen agua, y piensa que el universo depende de que todo encaje a la perfección. Su papá enferma de pronto cuando una tormenta eleva las aguas que rodean su pueblo, y Hushpuppy descubre entonces que el orden natural que tanto ama está a punto de derrumbarse.

En su rica imaginación, estos acontecimientos están conectados con el deshielo de los icebergs, que libera a unas bestias arcaicas, jabalíes gigantes y con cuernos, a los que llama Uros. En un intento desesperado por reparar la estructura del mundo, y así salvar a su padre y a su hogar, esta diminuta heroína se enfrenta de cara a una catástrofe imparable de proporciones épicas.

Este primer largometraje del neoyorquino Benh Zeitlin —autor del galardonado corto Gloria en el mar— ganó el Gran Premio del Jurado en Sundance y la Cámara de Oro y los premios Fipresci, de la Juventud y del Jurado Ecuménico en Cannes. Ahora opta nada menos que a cuatro Oscar importantes: mejor película, director, actriz (Quvenzhané Wallis) y guión adaptado (Lucy Alibar y Benh Zeitlin).

Se trata de la adaptación de la obra teatral Jugoso y delicioso, de Lucy Alibar, que desarrolla una singular mitología sureña, con ecos de los mejores autores de la Generación Perdida, aunque nunca pierde una fuerte personalidad narrativa, entre naturalista y onírica. Cuesta un poco asumir el tono marginal y apocalíptico de esta fábula, que parece rozar la trascendencia, aunque seguramente se queda a sus puertas. En todo caso, resultan fascinantes su poderosa resolución visual —que aplica el realismo mágico a los impactantes paisajes de Louisiana donde ha sido rodada—, su evocadora banda sonora —a cargo de Dan Romer y el propio Benh Zeitlin— y, sobre todo, la cautivadora interpretación de la niña Quvenzhané Wallis, que llena de veracidad sus singulares peripecias.

Ciertamente, no es una película para todos los paladares; pero funciona como fábula moral, y aporta, sin duda, una mirada distinta al cine contemporáneo.

Cinemanet

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