Carta a mi padre

Afortunada me siento de poder celebrar este día tan importante con mi padre, no sólo por el placer de compartir la jornada de hoy con él, sino porque desde mi concepción, mi padre ha sido mi padre y eso siempre será así.

En estos momentos tan difíciles que estamos viviendo, aprecio más que nunca la figura de un padre. Todos en casa aportamos nuestras ideas para pasar de forma amena la cuarentena, pero mi padre mantiene la entereza. Sin perder su gracia nos mantiene firmes y unidos desde la calma y la normalidad; su fortaleza crea un ambiente en casa digno de admirar, pues a pesar de presentarse tiempos de rupturas o enfados, mi padre hace que esos roces no vayan a más, con la serenidad de sus palabras, e incluso en ocasiones con un elocuente silencio.

Verle sentado en su sofá, leyendo, mientras las demás jugamos al Monopoli, como hemos hecho repetidas veces, hace que todo vuelva a estar en su sitio y no aparezca un ápice de descontrol. Esto no quiere decir que no seamos conscientes de lo que ocurre a nuestro alrededor.

Mi padre siempre nos ha enseñado y educado desde el ejemplo; ¡qué maravillosa forma de aprender! Desde pequeñas, a sus cuatro hijas nos ha ilustrado con su conocimiento, desde la libertad y el entendimiento de que él nos enseña lo que considera correcto, y nosotras posteriormente optamos por el camino que creamos conveniente.

Su doctrina es muy fácil de seguir: mantener el respeto entre nosotros seis, no juzgarnos y ser buenas personas. Dentro de estas pautas caben discusiones, enfados, discrepancias y más, pues mi padre considera que si no existieran disputas dentro de una familia sería extraño y una forma excelente de crecer es aprender a discutir.

Ser padre no es sólo tener hijos

Cabe destacar que yo admiro a mi padre por muchas cosas, principalmente por su inteligencia y su manera perspicaz de hacernos reír, pero sobre todo por la relación que mantiene con su mujer, mi madre. Que tan bella relación guardan que llevan ya 29 años casados con cuatro hijas y siguen disfrutando de su matrimonio y su regalo de ser padres como si del primer día se tratase.

Ser padre no es tan solo tener hijos, también es cuidar de tu mujer y viceversa. Como bien explica el código civil, la familia comienza con la unión de los cónyuges, y un padre no sería padre si no fuera por su mujer.

Papá, cada día doy gracias a Dios por haber nacido en esta familia y por disfrutar de un Padre como tú, y hoy concretamente te doy las gracias por mostrarme tu sabiduría y la responsabilidad que ello conlleva; transmitir nuestro conocimiento a nuestros descendientes desde la humildad hasta la libertad de cada uno para vivir de la forma que desee.

Me gustaría acabar estas líneas con unas palabras de la Madre Santa Teresa de Calcuta dedicadas a los padres:

“Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.

Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado

Patricia Polo Andreu.

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