De pensiones, envejecimiento y natalidad

El informe del Tribunal de Cuentas que certifica la quiebra de la Seguridad Social viene a ratificar un hecho que todo el mundo daba por hecho, pero nunca se certificaba. A pesar de que se trata de una malísima noticia, su confirmación debe tener efectos positivos: que se deje de dar largas y afrontar la situación con seriedad y madurez.

En España hemos vivido demasiado tiempo viendo el problema, pero sin querer resolverlo. Costará mucho esfuerzo y muchos votos enfrentarse de verdad al reto, sobre todo con una sociedad que se cree con derecho a todo, pero sin deberes. Este anuncio llega cuando aún el número de trabajadores en activo es superior al número de pensionistas. No queda mucho, por desgracia, pero algo es algo. Ha llegado el momento de analizar la realidad del país para poder tomas las medidas adecuadas y dejar los parches o las mentiras.

Debemos buscar una solución no sólo a corto y medio, sino a largo plazo. Para ello, necesitamos una visión demográfica, que nos indica que llevamos años por debajo del relevo generacional, mientras que la esperanza de vida sigue aumentando. Es decir, cada vez somos menos y más mayores.  Y aquí es donde aparece el verdadero peligro. No sólo de la quiebra de la Seguridad Social, sino del mismo Estado de Bienestar tal y como lo conocemos.

Es, pues, fundamental -y cada vez más urgente- tomar cartas en el asunto. Es necesario superar las ideologías, en especial la de género, empeñada en la confusión y que junto al feminismo radical pone en peligro la supervivencia misma de la especie. Es necesario poner en valor la maternidad, y a la familia. Con inversión, con medidas socioeconómicas, pero también en la educación.

A pesar de que se trata de medidas de sentido común, no son políticamente correctas, y destacadas personalidades, incluyendo a una ex presidenta autonómica, han saltado diciendo que queremos «convertir a las mujeres en vasijas». No es así. Es evidente que la vida sólo puede darla una mujer, una madre, pero la crianza es cosa de dos. De la familia. Por eso, es inexcusable un gran Pacto por la Maternidad que ayude a superar esta visión cortoplacista. Ser madre no te hace ser menos mujer, ni es el final de la vida.

Nos jugamos el futuro (o el presente).

 

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