Políticas públicas para y por la familia

La inmensa mayoría de la población española vive en familia y es la familia el medio básico de orden afectivo, educativo, económico y social, donde los ciudadanos nacen y perciben por primera vez no sólo que son sujetos de derechos, sino también de deberes ineludibles para con los demás: los hijos aprenden a convivir y a respetar a quienes les rodean, y es en la familia donde se les enseña el valor del cuidado a los pequeños, los jóvenes, los enfermos, los ancianos y los minusválidos.

Cuanto más fuerte sea la familia más sana será la sociedad. Es en la familia donde primero se aprende el comportamiento social; es la institución educativa más importante y donde se recibe la mayoría de los cuidados asistenciales.

No cabe duda de que cuando se protege a la familia se protege a toda la sociedad, y ello se traduce en menor delincuencia, disminución de los comportamientos antisociales, menos fracaso escolar, mejor salud psíquica, reducción de la pobreza -especialmente la infantil- y reducción del gasto público asociado a la crisis de la familia que se podría trasvasar a políticas activas de protección a la familia.

La familia importa a toda la sociedad porque en el origen de casi cada problema social que afrontamos, hay una carencia de estabilidad familiar; proteger a la familia redunda en la protección de los más desfavorecidos, el robustecimiento del tejido social y la preparación de un futuro mejor, previniendo fracasos y sembrando progreso.

Es por ello que el Foro Español de la Familia considera de vital importancia que los partidos políticos españoles se comprometan a realizar verdaderas políticas globales con perspectiva de familia, incorporándolas a sus programas de gobierno para que sean de público conocimiento y así los españoles podamos decidir con nuestro voto responsablemente.

La familia, como la educación o la sanidad, forma parte de esas cuestiones que se consideran esenciales para la sociedad. Sin embargo, a pesar de sus luces y sus sombras, de las advertencias de los indicadores internacionales, de las alarmas sobre las nefastas consecuencias del debilitamiento progresivo de la familia, más allá de los discursos catastrofistas, las estadísticas muestran que, más bien, o no interesa o no preocupa a la sociedad española.

El caso es que el compromiso con la familia se antoja más teórico que real, se intuye que la familia es clave para el sociedad, pero los hechos no acompañan porque no hay una voluntad política y social decidida por mejorarla.

Necesitamos una sociedad unida que apueste real y efectivamente por la FAMILIA.

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