El Día de la Vida

Esta próxima semana se celebra el Día Internacional de la Vida. Ya hablamos en otra ocasión sobre esta costumbre de no levantarnos por la mañana sin celebrar un “día internacional”. En esta ocasión celebraremos algo muy curioso: la Vida.

¿Por qué es curioso? Veámoslo de esta forma: estas celebraciones tienen por objeto el llevar a la opinión pública una determinada cuestión que se considera de importancia y sobre la cual se quiere suscitar un interés o un recuerdo especial. Que la Vida requiera de un día de celebración nos lleva pensar que algo muy serio debe estar pasando.

Antes de nada, conviene aclarar para no confundir al lector que este “Día de la Vida” no ha sido declarado por la ONU. La ONU ha declarado el “Día Mundial de la Vida Silvestre” (sic) – 3 de marzo-, que tiene por objeto el concienciar a la población mundial sobre el respeto a los animalitos que corren por los campos, vuelan por el cielo y nadan en los mares.

El Día Internacional de la Vida, la vida de los niños por nacer, se estableció hace ya unos cuantos años, en Hispanoamérica, para llenar el hueco que no solo no llenaban las agencias de la ONU, sino que se encargaban explícitamente de vaciar con sus “recomendaciones” (léase imposiciones) sobre la “salud sexual y reproductiva” (léase políticas de esterilización, anticoncepción y aborto), con el apoyo, entusiasmo y financiación de todas las corrientes antihumanistas que pululaban, y pululan, por el mundo.

Este año en España se celebra el domingo 24, con una marcha-manifestación a la que invitamos a todas las personas de buena voluntad a acudir. Aunque uno no se sienta especialmente implicado o llamado a esta Defensa de la Vida, se debe acudir, o por lo menos difundir, para hacer patente ante la sociedad de que existe un problema, y un problema muy grave, como es el del aborto provocado que nos está llevando (si no nos ha llevado ya) a una sociedad deshumanizada abocada a la extinción al agravar un problema demográfico que ya se vislumbra como irreversible.

Será un día alegre, porque la gente que defiende la vida lo es, pero no festivo. No hay nada que celebrar, hay mucho que denunciar. Se puede denunciar sin gritos y sin estridencias, pero se debe denunciar. Se debe hacer visible la mucha gente que no se conforma y que no se acostumbra a que la vida de un ser humano valga menos que la de un animalito, por simpático que este sea.

Días así nos sirven para recordar que no se ha perdido del todo la cordura y que el sentido común todavía nos guía, por lo menos a muchos de nosotros.

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