El Hombre de Acero

Un niño descubre que posee poderes extraordinarios y que no pertenece a este planeta. En su juventud, viaja para descubrir sus orígenes y las razones por las cuales ha sido enviado a la Tierra. Pero el héroe que lleva dentro tiene que emerger para que pueda salvar al mundo de la aniquilación y  convertirse en el símbolo de esperanza para la humanidad.

Creado en 1938 —hace 75 años— por el guionista Jerry Siegel y el dibujante Joe Shuster, para las tiras de DC-National —hoy DC Comics—, Superman gozó muy pronto de popularidad universal. De 1941 son los 17 cortometrajes de animación que sobre el personaje realizaron los hermanos Max y Dave Fleischer. Y, desde entonces, Superman ha protagonizado siete largometrajes, numerosas series de televisión y 35 producciones para el DVD. El primer largo para el cine fue Superman and the Mole-Men, de 1951, dirigido por Lee Sholem y protagonizado por George Reeves. Después vino el popular Superman: The Movie, rodado en 1978 por Richard Donner, con el fallecido Christopher Reeve como El Hombre de Acero, y con Marlon Brando en la piel de su padre, Jor-El. A este filme siguieron dos secuelas de menor calidad, hasta que Bryan Singer (Sospechosos habituales, X-Men 1 y 2) resucitó al personaje en 2006 para Warner en la discutida Superman Returns, que no gozó de las buenas críticas ni de la taquilla esperadas, aunque aportaba una perspectiva sugerente, que subrayaba los aspectos dramáticos y místicos del veterano superhéroe.

Ese fracaso relativo —Superman Returns recaudó casi 400 millones de dólares en todo el mundo— ha llevado a la Warner a reiniciar una nueva saga de películas con un equipo técnico y artístico distinto, también con un enfoque realista y serio del personaje, pero con un mayor espacio para el espectáculo epatante. La veracidad y la hondura las intentan poner el productor Christopher Nolan y el guionista David S. Goyer —responsables de la exitosa nueva saga sobre Batman, iniciada con El Caballero Oscuro—, mientras que los fuegos de artificio corren a cargo de Zack Snyder, que ya ha adaptado a la gran pantalla los cómics 300 y Watchmen. Por el momento, El Hombre de Acero ha entrado bastante bien entre el público y, en una semana de exhibición, lleva recaudados más de 225 millones de dólares en los pocos países donde se ha estrenado.

La acción se inicia en un planeta Krypton convulso y agonizante, donde el matrimonio formado por el prestigioso científico Jor-El (Russell Crowe) y la valiente Lara Lor-Van (Ayelet Zurer) desafían a la ley que controla la generación artificial de hijos, y tienen de modo natural a un niño, Kal-El, al que logran enviar al planeta Tierra durante la rebelión del cruel general Zod (Michael Shannon) y poco antes del colapso definitivo de Krypton. Ya en la Tierra, el bebé es adoptado por un matrimonio de granjeros, Jonathan Kent (Kevin Costner) y su esposa Martha (Diane Lane), que ponen al chaval el nombre de Clark Kent y lo crían lo mejor que pueden.

Aconsejado por su padre adoptivo —que teme el miedo de la población a lo que no entiende—, Clark Kent crece ocultando sus impresionantes superpoderes, que sólo muestra para salvar vidas en casos de extrema necesidad. Ya mayor, Clark Kent (Henry Cavill) recorre el mundo en busca de pistas sobre sus orígenes. Así conocerá, en una base militar secreta del Ártico, a la aguerrida periodista del Daily Planet Lois Lane (Amy Adams), a la que su jefe, Perry White (Laurence Fishburne), prohíbe publicar nada sobre el atractivo Superman, como ella le llama. Pero muy pronto, el Hombre de Acero deberá salir a la luz pública, cuando el malvado general Zor llega con sus astronaves alienígenas y amenaza con un genocidio de la especie humana si no le entregan a Kal-El que, según dice, guarda con él el secreto de la regeneración de los kryptonitas.

Ciertamente, El Hombre de Acero no depara demasiadas sorpresas ni novedades sustanciales. Y es verdad que su segunda mitad es mucho menos redonda que la primera y que, en ella, Snyder abusa hasta el hartazgo de las destrucciones aparatosas y algo confusas. Pero también es cierto que El Hombre de Acero ofrece el mejor reparto de todas las películas sobre Superman, con un Henry Cavill sobrio pero muy expresivo, y un elenco de secundarios difícilmente superable. Además, los efectos visuales y sonoros son espléndidos, tanto en la sugestiva ambientación retrofuturista del arranque como en las más convencionales peleas del final.

Por otra parte, la magnífica banda sonora de Hans Zimmer por lo menos iguala la que compuso John Williams para el filme de Richard Donner. Y, sobre todo, tienen entidad dramática, moral y emocional todos los dilemas de los personajes, relacionadas con la misión de cada uno de ellos en orden al bien común, su responsabilidad personal ante ella, y los sacrificios, a menudo heroicos, que exige su cumplimiento. Hasta funcionan bastante bien varios pasajes místico-religiosos, en los que Snyder establece paralelismos entre Superman y Jesucristo, sobre todo en la jugosa conversación del superhéroe con un sacerdote católico.

O sea, que a pesar de sus defectos y excesos —sobre todo de estos últimos—, El Hombre de Acero es una película notable, bastante profunda, muy entretenida y sutil en sus contados golpes de humor, que da continuidad a la mejor línea de renovación del cine de superhéroes, tan fructífera en la última década.

Cinemanet

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