El valor de la familia

Defender la familia es defender la humanidad. Literalmente.

No es posible una sociedad, una civilización, una nación, hecha de individuos aislados. La mera suma de individuos puede dar lugar a un club o una banda, pero no crea sociedad, pues no garantiza ni el futuro ni la solidaridad primaria interpersonal que traba a un grupo social amplio. Por eso, la existencia de familias fuertes es garantía de posibilidad de sociedades fuertes y, por contra, la destrucción y el fracaso masivo de las familias es garantía del fracaso de las sociedades y civilizaciones.

Lo dicho es una evidencia antropológica, moral e histórica para cualquier observador objetivo de la historia humana. Solo el desenfoque antropológico de una modernidad que no entiende el concepto de naturaleza humana porque desconoce que en el origen de las cosas está la razón amorosa y no el caos, permite que muchos de nuestros contemporáneos no entiendan algo tan elemental, no vean algo tan patente. Y así nos va: cuánta infelicidad personal, cuántas vidas rotas, cuánta injusticia social, cuánto crimen abominable contra la vida, cuánta juventud corrompida en su dimensión sexual, cuánta desesperanza, cuántos matrimonios rotos, cuánta crisis económica, cuántos jóvenes sin socializar, cuántos ancianos solos, etc, porque muchas familias no funcionan y se rompen en aras de un individualismo ayuno de comprensión de la verdadera naturaleza dual del ser humano en la complementariedad hombre-mujer abierta a la vida.

La familia no solo es una realidad valiosa; es mucho más. La familia es la condición de posibilidad de lo humano: nacemos en familia, nos socializamos y humanizamos cultural y moralmente en familia, damos lo mejor de nosotros mismos creando vida en familia y enfermamos y morimos en un contexto amoroso en familia. Y esto es así porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios que es un ser trinitariamente familiar.

Si unos pocos rompen este modelo, la sociedad no se resiente mucho; como no se resiente el cuerpo cuando enferma o se hiere una parte pequeña y no esencial del mismo. Pero si muchos rompen este modelo familiar de existencia humana, la sociedad se resiente en su conjunto; como lo hace el cuerpo en que enferman órganos esenciales. Si en un momento histórico una mayoría no entiende ni es capaz de actualizar en su vida la naturaleza familiar del ser humano, tenemos un problema serio todos.

 

Defender la familia es defender la humanidad. Literalmente.

 

Benigno Blanco,

Presidente del Foro Español de la Familia

Revista Misión, Diciembre de 2011

 

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