Elecciones, valores y traiciones

Como siempre que se acercan unas elecciones, los partidos han entrado en modo electoral. Ya han comenzado las promesas, los posicionamientos como única posibilidad de diversos colectivos y los postureos. Pero también las traiciones.

La política actual ha devenido en sillones. Lo único importante es alcanzar el poder, no importa el cómo ni lo que se prometa o se quede en el camino. Si algo causa problemas para sumar un puñado de votos, lo dejamos para otra ocasión… o vendemos a nuestros posibles votantes más recalcitrantes que se afrontará cuando lleguen al poder.

Y llegar al poder… ¿Para qué? Para mandar, dirán. ¿Pero eso es todo? ¿Y los ciudadanos? El que gobierna no sólo lo hace para los que han depositado su confianza en él, sino para todos los ciudadanos del país. Algo que esta legislatura se ha echado, y mucho, de menos. Especialmente en el tramo final, en el que un partido ha convertido el gobierno en un carrusel electoralista para presentarse como única izquierda posible.

Esta campaña viene muy marcada por la irrupción de Vox en Andalucía, desbaratando las previsiones y encuestas. Su mensaje ha hecho que el resto de los partidos se posicione en temas controvertidos, aunque en general lo hayan hecho para alejarse de ellos. La ideología de género, el aborto, son asuntos que se daban por introducidos y asimilados por la sociedad, y se ha visto que no es así.

La izquierda ya tiene la campaña hecha. Presentarse como adalid de las feministas -que no de las mujeres, puesto que cada vez en mayor número reniegan de los postulados de aquellas-, de los derechos de las minorías -cuando no están siendo pisados- y, sobre todo, contra el coco de la derecha.

En el otro ala se sigue un camino similar. Se deja a Vox el espectro de la “ultraderecha” -con medidas en las que no hace mucho coincidían todos, por cierto- y para salir de ese espacio se mendiga permiso para que la izquierda les deje pedacitos de sus posiciones. Para ello no importa aparcar banderas con las que se vendió que un partido se había regenerado o cambiarlas según sopla más fuerte como ha hecho siempre el otro.

Nada nuevo. Salvo, quizás, que esta vez no se ha esperado a estar en el poder para decir “pues esta legislatura no va a poder ser, fíjese, tendremos que ganar la próxima y seguro que lo hacemos”. Esta vez lo hacen desde la campaña electoral para que no salpique. Nuevos tiempos… ¿o no lo decía ya Groucho Marx?

 

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