Está en juego la humanidad

Las noticias se suceden en todo el mundo: en Francia se debate el llamado «matrimonio homosexual» con gran polémica pública y política, en Irlanda se discute en el Parlamento y la calle sobre el aborto, en California se dictan leyes prohibiendo los tratamientos médicos para homosexuales, en Colombia el aborto y la contracepción de emergencia dividen a las instituciones, en Uruguay se recogen firmas populares contra el aborto, en Alemania la CDU de Merkel rechaza en su Congreso el llamado «matrimonio homosexual», en Gran Bretaña parte significativa de la sociedad civil se revela contra la propuesta de Cámeron sobre el matrimonio de personas del mismo sexo, en USA el TS se plantea sentenciar sobre la constitucionalidad del matrimonio como exclusivo para hombre-mujer, etc.

Como se puede apreciar los grandes debates sobre las cuestiones esenciales que nos ocupan en España son de alcance universal y reflejan tendencias y fuerzas de fondo de nuestra época. En unos sitios y momentos parece que van ganando los defensores del nuevo laicismo seudoprogresista de género y en otros parece que los defensores del humanismo cristiano llevamos la delantera.

No hay que dejarse despistar por las últimas noticias, sino que hay que ser conscientes de las tendencias de fondo. Está en juego la humanidad, literalmente. Batalla apasionante y decisiva para el futuro en la que merece la pena implicarse pues lo que se confronta son dos concepciones sobre lo humano y por lo tanto la felicidad de nuestros hijos y el carácter humano de sociedad que les leguemos.

2 Comentarios

  1. Anonymous

    Me parece abismal su punto de partida de que se está perdiendo la humanidad, cuando la homosexualidad es una infinitesimal minoría de personas que siempre ha existido. ¿Puedo recomendarles un tono más serio y crítico? ¿Qué tal menos propaganda religiosa y finmudnista y reconocer que el porcentaje de población homosexual existente NO supone ninguna amenaza para nadie? Por ejemplo.

  2. Fernando

    Gracias por la reflexión. Mis padres me dejaron un «mundo» que progresaba económicamente mientras se suicidaba ontológicamente.

    Ahora que sin principios nos la estamos pegando, hasta que no les recuperemos, lo que se haga en lo económico será, literalmente, pan para hoy y hambre para mañana.

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