Éxito de la manifestación contra el “matrimonio gay” en París

Las imágenes y las informaciones de la prensa francesa son expresivas de la respuesta social a la convocatoria de la “manifestación para todos” (lema definitivo, frente a la propuesta “matrimonio para todos”). Ya se sabe lo difícil que es precisar el número de manifestantes, pero la impresión es que reunió varios centenares de miles. Desde luego, ha sido el evento con más participación ciudadana en temas sociales desde la defensa de la libertad de enseñanza en 1984.

Todos resaltan el aire sereno y festivo de esta demostración, francamente abierta, frente a quienes pretendían encorsetarla en clichés de integrismo o “cathosfera”. Gente muy variada –también homosexuales molestos con el lobby LGBT que domina la comunicación, así como personas de la izquierda–, salió a la calle en defensa de una institución multisecular.

El diario Le Monde dedicó un especial reportaje audiovisual a los testimonios de jóvenes manifestantes. Su presencia era muy notoria: “Entre el argumento de una unión contra natura y la oposición à la procreación médicamente asistida, pasando por la desacralización del matrimonio como institución, se ha expresado una juventud particularmente movilizada. Un discurso homogéneo ha resonado en las calles de la capital durante casi seis horas”.

De momento, el Elíseo sigue en sus trece, y considera que no hay motivo para detener el debate en la Asamblea Nacional, que comenzaría el 29 de enero. Por su parte, la Ministra de Justicia, Christiane Taubira, rechazó también ante las cámaras de televisión la hipótesis de convocar un referéndum –como pide una mayoría grande en los sondeos de opinión–: considera que sería anticonstitucional. Tal vez, estas declaraciones iniciales intentan frenar el aprovechamiento de este fenómeno social por parte de la oposición del centro y la derecha.

Lo cierto es que los organizadores de la manifestación lograron su objetivo de que fuese un evento independiente y apolítico, a favor de la familia (aunque no faltaron figuras de UMP y del Frente Nacional en algunos de los cortejos que acababan uniéndose en el Champ-de-Mars). Entre la marea de globos rosas, blancos y azules aparecían muchas consignas, como: “Un padre, una madre, es elemental”; “papás, mamás, a la calle descienden, el matrimonio defienden”; “todos nacidos de un hombre y una mujer”; o, en fin, alguno de fondo ideológico, como “queremos sexo, no género”.

Aunque participó en la manifestación en torno a un centenar de parlamentarios (con algunos antiguos ministros, también del PS), no tuvieron especial protagonismo, salvo en los medios de comunicación. Así, el presidente de UMP, Jean-François Copé, declaró a Le Monde: “François Hollande quiere imponer una reforma con fórceps, menospreciando todo debate. Es peligroso ver cómo impone una reforma como ésta a despecho de todos”.

Hubo también representantes del episcopado francés (hasta una decena de obispos). El arzobispo de París, cardenal André Vingt-Trois, expresó públicamente su apoyo y su ánimo a los organizadores, con la esperanza de que “los franceses puedan decir lo que realmente piensan”, afirmó al saludar en la calle a uno de los cortejos, aunque precisó: “No he venido a manifestarme con ellos. Como presidente de la Conferencia Episcopal, tengo otros medios para expresar mi punto de vista al gobierno” (cf. La Croix, 13/01/2013). Días antes, había declarado, en la radio Notre-Dame, que no era “una manifestación de la Iglesia contra el gobierno”, aunque le complacía “saber que muchos católicos se habían movilizado”.

Los organizadores criticaron en cambio la presencia de los tradicionalistas de Civitas, porque desaprueban su homofobia. Para la principal portavoz del colectivo “La Manif por tous”, Frigide Barjot, “la protesta tendrá éxito cuando nos reciba el Presidente. Es preciso que nos escuche, que suspenda el proyecto de ley y abra unos ‘estados generales’ para informar a los franceses del cambio histórico sobre la filiación”. Por eso, al final del evento, se leyó públicamente la carta dirigida a François Hollande, para pedirle que “suspenda este proyecto de ley que divide a los franceses”.

Aceprensa

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