Familia y género (realidad y ficción)

Las teorías infundadas de género, asumidas e impuestas en las 12 leyes autonómicas ‘LGTBI’ en vigor y en las otras 5 en tramitación, se caracterizan por perseguir un doble objetivo claro, el cual cito textualmente extrayéndolo del articulado de las citadas leyes: “eliminar los estereotipos de normalidad basados en la heterosexualidad” y crear el “derecho a construir para sí una autodefinición”, la cual “constituye un aspecto fundamental de la dignidad”.

Más allá de los presupuestos evidentemente ideológicos de dichos objetivos, no es tarea fácil implantarlos en una sociedad que aún hoy mantiene grandes restos del Humanismo sobre el que se fundó, que aún hoy sigue considerando a la Familia como la institución mejor valorada de todas, que aún hoy sigue creyendo en la dignidad humana (a pesar de estas leyes) como fuente de igualdad y motivo de no discriminación.

Esta realidad (otras sí) no es ajena a los más interesados en la consecución de los objetivos del género, por ello saben muy bien que no basta con que una ley los proclame en el papel: se hace necesario transformar la percepción general de esa realidad que les impide conseguirlos. Se hace necesario que todo lo heredado sea considerado retrógrado. Se hace necesario fracturar por donde sea la cadena de transmisión de valores, de creencias y de cultura. Se hace necesario derribar la Familia, por oponer, de forma inintencionada, una resistencia insoportable para ellos.

Tal vez sea por eso por lo que los artículos de estas leyes que imponen las teorías de género a menores sean los que ocupen la mayor parte de su articulado. Por algún sitio hay que empezar la transformación de la realidad superando lo heredado, y qué mejor sitio que una mente que empieza a conocer la realidad, que aún no ha heredado demasiadas cosas: la mente de un niño.

De nuevo, los cansinos promotores del género se topan con el mismo obstáculo: los padres. La solución que proponen para superarlos consiste en invisibilizarlos e incluso en criminalizarlos, nada más y nada menos. Así, las leyes ‘LGTBI’ no mencionan siquiera la palabra “padre” o “madre” en sus artículos, sino que recurren a términos como “guardadores”, “tutores” o “progenitores”. Sólo hay un caso en el que sí hablan expresamente de los padres, y es para advertirles de que el peso de la ley caerá sobre ellos si se les ocurre no compartir u oponerse a las teorías que estas leyes imponen.

Establecen que el Ministerio Fiscal actuará ante “la negativa de los padres a autorizar tratamientos hormonales” y ante “la no aceptación de la identidad de género”, la cual “se reconocerá como violencia familiar”, por poner dos ejemplos concretos.

Qué curiosas estas modas ideológicas. Si no fuese por el sufrimiento que provocan en tantas personas, no nos lo tomaríamos con la misma seriedad y preocupación. Adelantemos el final de ese sufrimiento y confusión identitaria siendo responsables y valientes, formándonos bien, hablando bien de las cosas buenas -como la Familia- incansablemente.

Javier Rodríguez
Director general del Foro de la Familia

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