Hablar del aborto sería el fin del aborto

El debate internacional sobre el aborto de la Ciudad de las Ideas en México ha dejado dos conclusiones claras: es necesario que se hable, y mucho, de la defensa de la vida y de la realidad del aborto y que los abortistas siguen con las mismas consignas de hace 50 años, negando los avances científicos en favor del negocio y la ideología.

Durante el certamen, ocho mujeres, cuatro defendiendo la vida y cuatro a favor del aborto, pudimos comprobar que, frente al entusiasmo, sentimiento, vivencias personales y argumentos de los provida, el bando contrario insiste en negar la humanidad del no nacido y poner por encima de todo el derecho de la mujer -niegan que sea madre desde el embarazo, por supuesto- a decidir sobre su cuerpo (obviando que hay otro cuerpo distinto durante la gestación).

Siguen exponiendo, para defender este fracaso, que «la calidad de vida es más importante que la vida misma», o que «soy vegetariana y desayuno huevos, así que el embrión no es un ser humano». Cuando nuestra representante allí, Marta Páramo, les preguntó si abortar soluciona la situación de pobreza, de violencia, de enfermedad, que se supone que justifica el aborto, o si en realidad lo que habría que trabajar era para corregir esta situación, se quedaron sin argumentos. Mejor dicho, recurrieron al «digáis lo que digáis, millones de mujeres seguirán abortando».

Por eso es indispensable seguir haciendo pedagogía sobre la defensa de la vida. El aborto, la eutanasia, los vientres de alquiler… Aspectos que parece que son debates superados pero sobre los que demasiada gente desconoce casi todo -muchas veces por comodidad-.

Porque, en el caso del aborto, hablamos de un acto que acaba con una vida inocente y hiere gravemente a la madre; que no soluciona la realidad de la madre que se ve abocada al aborto por problemas económicos, por ser adolescente... En realidad, el aborto legal es algo machista que vuelca sobre la mujer la responsabilidad de eliminar a su hijo y pretende aislarla antes de tomar esa decisión. Se pretende que las menores no hablen con sus padres o familiares antes de abortar, que sientan la presión de una vida a solas con esa nueva criatura cuando ellas apenas tienen edad para mantenerse a sí mismas… Como bien señaló Marta, no ofrece libertad, sino coacción.

Tenemos la razón, los argumentos, la evidencia científica, y grandes defensores de la vida. No nos callemos. Sigamos hablando bien de las cosas buenas. Los inocentes lo merecen.

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