Incongruencias

Si han seguido mínimamente los debates que esta semana se han producido en torno a la ley del aborto – en Madrid y Andalucía-, quizá no hayan reparado en el calado que ha tenido el asunto.

Más allá de las frases grandilocuentes, o simplemente ocurrentes, por uno y otro lado, cabría destacar un análisis más profundo de la antropología que hay detrás de estas posturas encontradas.

Lo primero que habría que destacar es que, por una vez, el debate se ha producido desde la derecha al centro; no ha intervenido la izquierda que, simplemente, se ha dedicado a observar como otros hacen el trabajo por ella. Y esto tanto en Andalucía como en Madrid.

Lo segundo que nos llama la atención es la frase – en el debate de Madrid-, “no pienso perseguir a nadie por abortar, pero tampoco lo voy a fomentar”. Parece una frase bonita, pero encierra en sí dos errores graves. El primero tiene que ver con la frase que parece indicar que se está evitando que se criminalice a la mujer por abortar, y esto queda muy bien en los medios, pero la realidad es que lo que se pide es que persiga el negocio del aborto con todas las ramificaciones políticas que esto tiene. Si de verdad quieres ayudar a la mujer en riesgo de aborto provocado, facilita ayudas para que no se vea abocada a este drama y persigue al que no le deja otra salida. El segundo error está en relación con la frase con la que se terminó el debate: “… sin estado de autonomías el gobierno estaría en manos de los de enfrente, dígame entonces cómo íbamos a erradicar el aborto”. ¿En qué quedamos, no lo vamos a fomentar o nuestro deseo es erradicarlo? Incongruencias.

Lo tercero ha tenido que ver con una cuestión semántica en el debate de Andalucía. Se votaba el aumentar “la calidad de la asistencia sanitaria en todos los abortorios públicos y privados para evitar toda práctica irregular”. El desencuentro ha venido de la mano de la palabra “abortorios”, que quería ser sustituida por “centros de interrupción del embarazo”. Al final la propuesta no ha sido aprobada, ni como abortorio ni como nada. ¿Qué es más importante, ir arrinconando al aborto para que se extinga el nombre que damos a los centros? ¿Merece la pena perder una oportunidad de avance en la cultura de la vida porque no nos gusta el nombre políticamente correcto con que se conoce a estos centros? Incongruente.

Y hoy no hablamos de la ministra de educación en funciones porque es lo que ella quiere: desviar el foco de atención de los enjuagues y gargarismos que vemos a diario en la política y hacer méritos  para repetir en el cargo, porque lo ha probado y allí se está muy bien.

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