Foro de la familia

Ingratitud liberticida

En el documento de la llamada Comisión para la “Reconstrucción Social y Económica”, el Gobierno (PSOE-Podemos) deja bien claras sus intenciones con respecto a la educación concertada: Malas.

Su voluntad de apoyar a su comunidad educativa con ocasión de la pandemia es igual a cero: cero euros. Para ella, ni economía, ni social, ni reconstrucción.

Me parece muy bien que se apoye a la “educación pública de gestión directa” (así se la menciona en el documento), donde yo estudié. Pero no me parece nada bien, que se niegue el pan y la sal a la concertada: la de ‘gestión indirecta’, donde, por cierto, también estudié. Y me parece fatal porque su comunidad educativa (que también debe ser sostenida con fondos públicos, ex lege, para garantizar la igualdad de oportunidades a la hora de elegir colegio en libertad) ha sufrido igualmente la pandemia.

¿Acaso no está prestando la educación concertada un servicio público?

¿Acaso no lo presta con notable calidad? ¿Puede dar el Ministerio, debidamente desglosados, los resultados de la red concertada en las evaluaciones de PISA, en las sucesivas pruebas que ha habido? Sería un gesto de transparencia que pondría en evidencia su calidad.

¿Cómo afrontaría, por cierto, el gobierno su deber de facilitar una educación de esta calidad si todos los centros concertados –baratos para el erario público– se viesen asfixiados y obligados a “bajar la persiana” y cerrar sus instalaciones?

Me acuerdo, en estos momentos de ingratitud y sectarismo gubernamental, de los millones de profesores, estudiantes y familias de la red concertada que se han volcado en estos últimos meses de pandemia y confinamiento para, a pesar de todas las dificultades, seguir impulsando el adecuado funcionamiento de un servicio educativo que ha de ayudar a construir una sociedad mejor

No queremos imponer un modelo único

Me acuerdo de lo mal que (también ellos) lo han pasado en esta pandemia. He visto sus caras, sus sacrificios, su entrega, su esfuerzo.

Conozco, incluso, algunas familias arruinadas, de mi propia comunidad educativa, que -desde nuestra fundación y otras, ya que no desde la administración- van a ver plenamente garantizadas, concluido el curso y durante el verano, sus tres comidas diarias. Con nuestra ayuda. Porque en verano también se come, señorías.

Que la Constitución reconozca el derecho fundamental a la libre elección de centro, y todo lo demás que señala su artículo 27, y que el Gobierno y los partidos que lo integran se lo quieran cargar por la vía de los hechos, no tiene un pase.

Pretender asfixiar a una opción legal, legítima y demandada socialmente, no tiene un pase.

Que lo hagan perjudicando especialmente a las familias y alumnos con menos recursos -los otros siempre saldrán adelante-, no lo tiene.

Cambiar la ley o cumplirla

Es inadmisible la imposición, por la vía fáctica, de una escuela única, pública y laica.

Que no nos mientan cobardemente cuando alertamos de todo ello, diciendo que lo nuestro son fake news, o que las familias no tienen nada que temer.

Y que, o cambien la Constitución y los tratados internacionales, o los cumplan. Porque lo contrario es una vergüenza -con todas las letras- en un Estado social y democrático de Derecho.

Si asfixian, como quieren, a la concertada, se la cargarán y solo podrán elegir educación los ricos (y entre ellos -que ya lo hacen- sus señorías).

Nuestros “servidores públicos”, nuestros “representantes”, nos tendrán en frente, si es lo que buscan. Y estaremos, a pie de calle, defendiendo la libertad y la igualdad de oportunidades para todos. También para los que eligen opciones diversas a la nuestra.

Con la fortaleza moral que nos asiste a quienes no queremos imponer un modelo a nadie, sino defender que cada familia elija para sus hijos -como le garantiza la Constitución- el que ella desee.

Por cierto, en este asunto de las ayudas del COVID19, destinadas únicamente a los centros públicos, la discriminación y el sectarismo de este gobierno “de progreso” perjudica a muchos menores.

¿También son los peques culpables de la libre elección de centro de sus padres?

¡Qué vergüenza!

José Iribas Sánchez de Boado

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