La educación afectivo-sexual de nuestro hijos

Crece el número de iniciativas descabelladas en algunas Comunidades Autónomas en materia de educación sexual. Hay en algunos una verdadera obsesión por convertir a nuestros hijos en animalitos atados a todo tipo de prácticas sexuales desde su primera preadolescencia; se les pretende hacer ver el sexo como algo ajeno a su persona, algo puramente externo susceptible de un juego continuo en busca de una optimización del placer puramente físico que nada tiene que ver con su afectividad, su moral y personalidad ni con su capacidad de amar y dar vida.

Por ello, resulta más necesario que nunca que los padres asumamos responsablemente nuestra obligación y derecho de ocuparnos de la educación afectivo-sexual de nuestros hijos, pidiendo las ayudas que necesitemos pero sin abdicar de esta responsabilidad en manos de terceros. Debemos estar atentos a lo que se hace en este campo en la escuela de nuestros hijos y hablar con ellos de esta materia con la frecuencia que las circunstancias aconsejen.

Hay que formar a los padres en este sentido urgente de responsabilidad según lo previsto en la campaña «La sexualidad sí importa, sin ningún género de duda»

3 Comentarios

  1. LUCIA

    Esta “in-educación” sexual no es solución para nada pero sí será parte de un problema porque: la mayor parte de su contenido no es científico, ni médico, sino ideológico. Se les repite que las decisiones personales se basan en los sentimientos propios, no en lo racional o razonable y se burlan del sentido del honor y de la dignidad personal.
    Me avergüenza reconocer que Andalucía, con la peor sanidad de España, sólo piensa en que los niños se masturben. Hasta qué punto el dinero público de todos, en manos de ejecutivos autonómicos irresponsables, se utiliza para sembrar la desorientación educativa.
    ¿Por qué no es eficaz la educación sexual en las escuelas y la distribución de anticonceptivos para luchar contra el aborto y el SIDA? Sencillamente, porque ese tipo de información trata la sexualidad humana desde un punto de vista biológico, desligada del amor, y con un enfoque hedonista.
    Los jóvenes reciben mucha información sobre sexualidad pero también poseen cierto analfabetismo afectivo porque se les insiste demasiado en los aspectos biológicos de la sexualidad sin ayudarlos a desarrollarse como personas capaces de amar. Una educación sexual sin valores es una llamada a la experimentación sexual. Y la experimentación sexual, con o sin preservativos, está llena de riesgos.
    Lo que tienen que hacer los políticos para orientar la salud sexual es, aparte de garantizar a los padres que puedan formar a sus hijos según sus valores y que todo el sistema educativo respete la diversidad de convicciones, apoyarlos para que se impliquen más en la educación de sus hijos y no se desentiendan y lo dejen en manos de la escuela.

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