La familia, fuente de paz y de alegría

Comienza el curso y muchas personas a nuestro alrededor expresan sentimientos de desesperanza,  preocupación y miedo por el ambiente de incertidumbre social y económico que nos rodea.

Los que estamos implicados en la tarea apasionante de hacer familia, en cualesquiera de las circunstancias, no podemos dejarnos llevar por actitudes de pérdida de esperanza o de pesimismo; por el contrario, debemos ser fuente de paz y alegría de quienes nos rodean, especialmente en el seno del hogar. Un hogar familiar debe ser un sitio dónde la alegría, fruto del cariño, esté continuamente presente.

Precisamente, en circunstancias sociales difíciles, debe notarse con especial eficacia, que la familia es fuente de serenidad y de paz interior y exterior. Siendo muy realistas y afrontando cada uno la responsabilidad que nos toque, no podemos contribuir a un ambiente de pesimismo y desesperanza sino todo lo contrario. Es nuestra responsabilidad en estos momentos ocuparnos de manera muy activa de los problemas de todos los que nos rodean solidariamente y la primera ayuda que podemos prestar es precisamente la de no dejar a nadie solo, sonreír continuamente y dar continua razón de esperanza.

La tristeza no ayuda a nada bueno. La alegría es una gran cosa y especialmente cuando las circunstancias objetivas son, como sucede hoy a tantas familias, objetivamente difíciles y exigentes.

 

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