La soledad ya no es mal de mayores

Al hablar de soledad solíamos pensar en personas mayores, en los abuelos, ya sin hijos en casa, o incluso en viudos. En los últimos años, las personas que viven solas se han multiplicado, por diferentes motivos. Sin embargo, ahora vamos un paso más allá: un estudio revela que el 22% de los millenials no tiene ni un solo amigo.

Se trata de los jóvenes nacidos entre 1981 y 2001. La generación más preparada (el 54% posee un título universitario) o la generación perdida (uno de cada tres parados es menor de 25 años). Según un estudio de la empresa demoscópica You Gov a 1.254 jóvenes estadounidenses, el 22% de las personas de esta edad no tiene ni un solo amigo. Tres de cada 10 no tienen un «mejor amigo» y el 25% reconoce que no tiene nadie con quién hacer planes.

También se refleja en el estudio que estos jóvenes pasan una media de  dos horas y media al día en las redes sociales. Y he aquí una de las causas fundamentales de esta realidad. Nuestros jóvenes -y no tan jóvenes- optan por crear una vida virtual. Una vida en la que no tengan que mostrarse más que a través de un avatar. Una vida que no implica salir de uno mismo, de su comodidad.

Pero detrás de este dato hay mucho más. Simplemente, los avances tecnológicos permiten elevar a su máxima potencia el individualismo, hasta extremos patológicos. La alienación no es algo nuevo. Pero ahora se ha perfeccionado. Cada vez son más las personas que se dejan engañar y acaban confundiendo el reflejo de la vida con la vida misma.

El ser humano es un ser social. Es algo evidente. Necesitamos del contacto con otros seres humanos y este es fundamental en nuestro desarrollo equilibrado y correcto. Por eso, estos datos son tan preocupantes. No es sólo que acabemos nuestras vidas en soledad, con todas las consecuencias que esta trae. Se trata de que estamos perdiendo la misma humanidad. Así, es fácil caer en modelos patológicos como la pornografía, la ludopatía que después aterrizan en la vida real con comportamientos incluso delictivos.

La solución no está en crear ministerios. La solución pasa por reforzar la familia. Por crear lazos sanos, por padres que queden con amigos y que los hijos puedan interactuar. Por padres que busquen conocer a otros padres del colegio, por ejemplo, para que los hijos pasen tiempos juntos y saber con quién van… Pasa, por lo tanto, de pasar tiempo y conocer a nuestros hijos. No somos guardadores. Somos padres, y como parte del deber y derecho de educar a nuestros hijos se encuentra la socialización.

 

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