Menores e internet, adicción y riesgo

Cada vez son más las voces que alertan sobre el peligro del cóctel que resulta de menores con barra libre de internet, sin cortapisas ni supervisión. Ahora han sido los pediatras de atención primaria quienes han denunciado «el uso compulsivo» que muchos niños y adolescentes hacen de los contenidos de la red.

Durante el 16º Congreso de Actualización pediátrica, los organizadores esgrimieron diversos informes que nos acercan a una realidad que debemos afrontar de manera urgente. Así, según los últimos datos del Estudio ESTUDES (2016-2017) elaborado por el Plan Nacional sobre Drogas, un 21% de los niños en edad escolar hace un uso compulsivo de internet, un  porcentaje que ha aumentado un 4,6% frente al año anterior. Además, otro estudio de la Universidad Camilo José Cela de Madrid con alumnos de 4º ESO (15-16 años), revela que un 43,5% presenta un uso problemático” del whatsApp y un 40% de las redes sociales o de los videojuegos.

¿Qué se deriva de esto? ciberbullyng, niños que ven contenidos no aptos para ellos, como pornografía o violencia extrema, provocándoles daños irreparables en su desarrollo como persona y en las relaciones con quienes les rodean.

La sociedad actual propicia padres ausentes, niños cuidados, en el mejor de los casos, por abuelos o cuidadores, que al llegar a la adolescencia se convierten en los ‘niños de la llave’. Niños que llegan solos a casa y pasan grandes cantidades de tiempo en soledad. Este tiempo ahora se llena con las pantallas. El control parental tradiconal de las pantallas ha quedado obsoleto por los nuevos canales de streaming, que abusan de sexo y violencia en sus series y películas, a las que los menores pueden acceder con tanta facilidad como encender la televisión.

Es evidente que, por muchas trabas que se pongan, los adolescentes están accediendo a esos contenidos. Es por ello fundamental que los padres les demos una base sólida sobre afectividad y sexualidad, además de sobre el buen uso de las pantallas. Que hablemos con ellos sin miedo, sobre el amor, la dignidad del otro, el sexo. Que sean conscientes de queeso que pueden ver, o que les cuentan sus compañeros de clase o amigos, no es así. Que el amor y el sexo son algo muy bueno y valioso para reducirlo a un acto con el que cosificar al otro para saciarnos.

Los datos, la realidad, están ahí. No podemos mirar hacia otro lado o enterrar la cabeza, es el momento de los padres.

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