Mi jornada Laboral

Pensándolo bien, y sin esperar a la vista jubilación alguna, sigo fiel a mi jornada laboral desde in illo témpore. Apoyada en las mejores herramientas -orden y voluntad- he sacado adelante la parte de empresa de la que me hice responsable. Cierto que no deja de ser una organización, en cierto modo, desorganizada por la variedad de parámetros que hay que tener en cuenta, y más cuando las cuentas no siempre han cuadrado.

Un trabajo extenso e intenso, casi sin principio ni fin. Jornadas exhaustivas. Acumuladores de cansancios. Esto, lo otro y más… Pero siempre, siempre, despabilando con ilusión ante cada nuevo amanecer.

Reconozco que mi salario, si hubiese sido por cuenta ajena, era impagable, pues el día a día estaba saturado de horas extraordinarias. No es que sea una reconocida coaching empresarial, pero rubrico lo dicho con nuestra espléndida cuenta de resultados. ¿He dicho nuestra? … ¡Sí, sí! Porque, aunque no pertenecemos a una multinacional ni tan siquiera somos franquicia, coincidimos en el contrato y modo de sociedad.

Si bien se funciona por separado, hay un profundo nexo de unión que fundamenta nuestras empresas. Ya son muchos los años que llevo currando y reconozco que ha merecido la pena. Nuestra empresa, repito, sigue adelante. Bueno, ahora me refiero a la que en su día constituimos mi socio y yo. Hemos crecido en muchos sentidos, incluso tenemos proyección exterior. Todo hecho y siempre por hacer. Cierto que los horarios no son tan exhaustivos, salvo picos esporádicos, pero no puedo descuidar el día a día en la gestión de personas.

Esto ha sido siempre nuestra estrategia empresarial. Unos vienen y otros van. El crecimiento abarca toda edad y circunstancia. Es consolidar la vida. Es empeñarse en querer. Es formar una familia: ‘El único lugar al que siempre se vuelve’… Creo que además de haberme dedicado a la enseñanza y al noble oficio de escribir, es fácil adivinar que mi principal jornada laboral ha estado marcada por ser madre y ahora, abuela de familia numerosa. ¿Qué quieren que les diga?… ¡Que sigue mereciendo la pena!… Pueden preguntar a mi ‘socio’.

Kika Tomás

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