Miedo

Miedo. Miremos donde miremos, hablemos de lo que hablemos… nos rodean pavor, confusión, incertidumbre,… La abrupta irrupción del coronavirus ha puesto en cuarentena no sólo a las personas, sino a nuestro mismo estilo de vida.

Es cierto que hay motivos de sobra para estos sentimientos. La pandemia está sacudiendo los cimientos de la civilización occidental en todos los ámbitos: En lo económico, en la salud, en lo laboral, incluso en lo educativo y la convivencia.

La necesidad de que los niños permanezcan en casa ha obligado a muchos padres -aunque cada vez son más las empresas que mandan a sus empleados a teletrabajar– a hacer lo mismo. Los abuelos, siendo los más vulnerables, más que la ayuda que siempre han sido con los nietos, requieren hoy ser ayudados y cuidados, incluso si esa ayuda pasa por no verlos durante unos días.

Sin embargo, pese a todo, debemos dejar atrás ese miedo. Convertirlo en esperanza, en oportunidad. Siendo responsables, respetando las indicaciones que se nos dan desde las autoridades sanitarias. Tenemos un tiempo por delante en el que la familia vuelve a situarse el centro de la vida. En que vuelve a demostrar su papel fundamental. Un papel que no los estados, ni los gobiernos ni las ideologías pueden sustituir o renunciar a él.

Pese a los ataques que viene recibiendo, en cuanto la vida aprieta se impone la realidad: La familia es la célula fundamental de la sociedad, el verdadero pilar de las personas, la red que nos recoge a todos. Cuidémosla. Disfrutémosla.

 

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