Millones

Los tres añoran a la madre muerta, pero Damian es quien acusa más la ausencia; y para mejor sobrellevarla, mantiene animadas charlas con sus mejores amigos: los santos. Imaginación o realidad, poco importa, Damian conversa a todas horas con San Pedro, Santa Clara, los mártires de Uganda, pues anhela como ellos hacer el bien; y también porque no deja de rondarle la duda de si su propia madre habrá sido recibida en el cielo, como una santa más.

En esta tesitura, una bolsa repleta de dinero, procedente de un robo, cae, literalmente, del cielo. Y Damian piensa que Dios se la manda para ayudar a los pobres. Con la dificultad de que se trata de millones de libras esterlinas, en vísperas de que Gran Bretaña adopte, al fin, el euro. O sea, que en pocos días serán papel mojado. Además, a los deseos altruistas de Damian, se opone la visión más terrenal de Anthony, quien demuestra además estar dotado de una insólita capacidad comercial.

Con los mimbres de fábula moral con niño y audacias visuales poco habituales, el riesgo de caer en el ridículo es grande. De hecho, el final africano lo roza. Sin embargo Boyle logra un delicado equilibrio entre drama, magia, ternura y comedia. Incluso la opción de representación de los santos, entre lo kitsch y lo surrealista, aureolas sobres sus cabezas incluidas, funciona: no es irreverente y encaja con la inocencia de Damian, esa cualidad que nunca debería perder. Al fin y al cabo, ya se sabe, hay que hacerse niños para ingresar en la vida eterna. Los dos chavales, sobre todo el debutante Alexander Nathan Etel, están perfectos.

 

De dinero y ángeles

No es la primera vez que Danny Boyle narra una historia sobre el poder corruptor del dinero. En A tumba abierta un dinero inesperado pone a prueba la amistad que une a un grupo de jóvenes. Y el recurso a personajes sobrenaturales, ángeles que ayudan a los comunes mortales, era parte importante en Una historia diferente, donde también había pasta de por medio. Sin embargo, y aun contando en Millones con ambos elementos argumentales, hay un notable cambio de óptica: Boyle apuesta por contar su ficción con la mirada de un niño.

Decine21.com

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