Para pensar…El divorcio no es la solución; es el problema

No podemos acostumbrarnos, como si de un fenómeno normal e inevitable se tratara, al elevadísimo número de rupturas matrimoniales que se dan en nuestra sociedad. El divorcio es un inmenso fracaso personal para los cónyuges y de gran trascendencia para los hijos si los hay; Las rupturas rompen los lazos de integración social de las personas y destruyen hogares, es decir, lugares de acogida y transmisión de la vida.

Si hoy día se rompen tantos matrimonios es por que una parte importante de nuestros jóvenes no ha adquirido firmes convicciones familiares, no ha sido educada en una ética de la lealtad y el compromiso y ha interiorizado una visión banal e intrascendente de la dimensión sexual de las personas. Hacer frente a este triste fenómeno de nuestra época exige trabajar en varios frentes: una educación de la voluntad y la afectividad para asumir una ética del compromiso en todos los aspectos de la vida, una formación de la sexualidad con criterios de responsabilidad, una buena preparación para el matrimonio que hoy no se puede dar por supuesto y leyes que ayuden a reforzar la estabilidad del matrimonio en vez de facilitar su ruptura.

Recuperar fuertes convicciones familiares en nuestra sociedad es labor compleja que exige tocar muchas teclas, entre las cuales una fundamental es el ejemplo de matrimonios fuertes que duran establemente en el tiempo en un contexto de felicidad personal y de alegría compartida. A la par es imprescindible hacer una buena pedagogía de la institución matrimonial mostrando ya desde la escuela su inmensa funcionalidad personal y social; y conseguir que las leyes abandonen la óptica divorcista que actualmente las inspira.

Como no damos por perdida la batalla en defensa de la vida, no podemos dar por perdida la batalla en defensa del matrimonio. Son objetivos ambiciosos por que afectan a complejos fenómenos propios de la crisis moral de nuestra época, pero en uno y otro caso son ilusionantes tareas por delante para quién quiera preocuparse de construir una sociedad donde haya más facilidades para vidas plenas, fecundas y felices. 

13 Comentarios

  1. El divorcio sí es un mal para al sociedad, porque el matrimonio es el principal núcleo de la sociedad, no sólo a nivel social, sino también a nivel económico y cultural, y el divorcio, atentando directamente al matrimonio, atenta contra la sociedad misma.
    Se ha comprobado por estudios, que una familia unida, tiene mayor calidad de vida, mejor nivel económico, mejor estado de salud, y mejor expectativa de vida.
    El divorcio es un mal, y tenemos que luchar contra el, promoviendo foros como éste, donde se defiende la importancia de la familia.

    Saludos desde México

    1. ¿Pero que pasa si se continúa en un matrimonio que ya no da para más? ¿No podría esto ser más dañino para las personas y la formación de los hijos?

  2. La asignatura Educación para la Ciudadanía en ningún capítulo defiende el Matrimonio indisoluble ni considera el Divorcio como un problema. Las autoridades Socialistas, por otro lado, han intentado desterrar a Dios, la Religión y los Mandamientos, de los centros de Enseñanza de toda España. No interesa que se conozcan los mandatos mesiánicos admitidos por todas las Religiones. No robarás, No mentirás, No fornicarás, Amarás a Dios….»No desearás a la mujer de tu prójimo»…No conviene que se hable de matrimonio..»hasta que la muerte os separe»..Esa mala educación es la que está produciendo y producirá el aumento del número de divorcios en nuestra España.

  3. Begoña de Benito Verdugo

    Por supuesto que no fracasa quién cumple con sus compromisos,El fracaso es de quién con una frivolidad,incalificable,rompe el matrimonio y la estabilidad emocional de sus hijos.
    No juzgo pero 23 años de matrimonio,en los que no han faltado muchas dificultades,creo que me dan un poco de conocimiento de causa.Nosotros estuvimos 8 años peleando por tener un hijo, cuatro de ellos en un proceso de adopción.A lo largo de esta larga espera surgieron bastantes problemas de convivencia, pero mis creencias religiosas y sus firmes convicciones éticas nos han hecho perseverar hasta el día de hoy.Nuestra unión se ha asentado y aunque las dificultades serán siempre nuestros compañeros de camino,seguiremos «hasta que la muerte nos separe».Esperemos que la Vida nos permita celebrar nuestras bodas de plata.Yo las espero con muchísima ilusión,pues pretendo renovar los votos matrimoniales.

    Begoña

  4. El divorcio es un ataque contra el matrimonio la familia y especialmente contra la maternidad, porque una mujer que dedica su via al cuidado de los hijos y el marido al trabajo fuera del hogar, con el divorcio ella tiene que asumir encontrar u ntrabajo-despreciandose el trabajo qeu ella ha realizado en el hogar- y sumir la mitad de los gastos hipotecarios que eran responsabilidad del marido;por lo que el marido con el divorcio mejora su situación…se libera de gastos y la maternidad se castiga.
    QUÉ LISTA ES LA IGLESIA al considerarlo un mal en sí mismo.
    Se ha de luchar contra el divorcio con la misma fuerza que contra el aborto, porque ambas leyes atentan contra la maternidad.

  5. JESÚS AYALA CARCEDO

    No es sino con tristeza que lamento que Uds. hayan censurado el comentario que les dejé ayer.
    El mensaje final que Uds. han censurado es la petición a los actuales poderes públicos de la OBLIGACIÓN DE SENTAR A REFLEXIONAR a los esposos y padres antes de una separación o un divorcio, cuando uno de los dos lo soliciten.
    Eso es lo que han censurado, la petición de una imposición LEGAL para reflexionar en esos casos, en que el futuro de varias personas y diversos intereses en esos casos están en juego.
    No es desde respetables sentimientos y razonamientos como Uds. aliviarán a esta sociedad en declive, en decadencia, sino utilizando lo que la sociedad puede poner, e imponer, calma y reflexión ante estos dramas humanos disfrazado de «derecho sin límites y sin cortapisas».
    Decía San José María Escrivá de Balaguer:
    LAS COSAS URGENTES «PUEDEN» ESPERAR Y LAS MUY URGENTES «DEBEN» ESPERAR.
    Las leyes del divorcio no son «necesaria y obligatoriamente» para divorciarse, sino para garantizar la libertad de estar en un matrimonio, en una familia, EN TODO MOMENTO, libremente.
    El matrimonio en España no es una atadura, sino un compromiso de «libertad», desde el principio hasta el fin.
    El pedir que sea obligatoria UNA MEDIACIÓN FAMILIAR si uno de los dos componentes del matrimonio lo pide, no favorecer el divorcio, sino un intento de reflexionar sobre sus consecuencias.
    Muchas gracias. Pueden también censurarlo.

  6. JESÚS AYALA CARCEDO

    Independientemente de las creencias y sentimientos religiosos de cada uno, desde el punto de vista jurídico del derecho español, el matrimonio es un compromiso de libertad, que garantiza que, jurídicamente, todos consideramos que hay una relación libre y consentida, en todo momento. Y eso no quiere decir relaciones sexuales, necesariamente.
    Ahora bien, contemplada esa libertad total, que no exige permiso judicial previo para dejar de convivir, en cualquier momento, no es el momento de hablar del uso, abuso y banalidad del matrimonio si al divorcio le quitamos responsabilidades.
    A pesar de las creencias personales de cada uno, hoy cuesta creer que hagamos una ley que obligue a alguien, hombre o mujer, a permanecer con una persona, contra su voluntad, bajo el vínculo jurídico del matrimonio.
    Desde el punto de vista de este ciudadano mal formado y peor informado, y con derecho a equivocarme, y con derecho a ser criticado, si alguien plantea, impone su derecho a divorciarse, que permite el ordenamiento jurídico vigente, lo que sí la sociedad DEBE exigir no es manifiestar causas, que no exige la ley a partir de los tres meses de haber contraído matrimonio, sino a ser responsable de las consecuencias. Es decir, una decisión que no precisa justificar, pero una responsabilidad para que esa decisión no afecte, o afecte lo mínimo a las personas que puedan sufrir sus consecuencias, y pueden ser muchas.
    El derecho de familia, y civil, en particular, parte de dos principios que espero admitan. El primero, en relación al divorcio, es justicia rogada. Es decir, un divorcio lo tiene que pedir, al menos, uno de los cónyuges. El segundo, que salvo casos excepcionales, las decisiones judiciales son debida a la falta de acuerdo/s de los mismos.
    Para bien o para mal, la concepción jurídica del matrimonio se aleja de planteamientos religiosos de diversa índole. Gran cambio produjo que ahora puede estar formado por hombre/hombre, mujer/mujer, con lo cual muchas conciencias sufrieron un gran choque, pero, sin embargo, aunque esas circunstancias pudieran suponer un choque de mentalidades, asociándolo a prácticas sexuales, quizá no admitidas por muchos, y no practicadas por la mayoría, la verdad es que el planteamiento del matrimonio civil no exige sexo, ni manifestar tendencias sexuales.
    En definitiva, el matrimonio civil en España, visto de la perspectiva cristiana y católica es distinto del matrimonio civil. ¿Impedir el divorcio ?. Uff, cuestión difícil, guste o no. Ahora bien la sociedad si que debe EXIGIR que dado que los jueces deciden a falta de acuerdo, HAY QUE EXIGIR A LOS PODERES PÚBLICOS QUE LOS CÓNYUGES TENGAN LA OBLIGACIÓN DE SENTARSE PARA REFLEXIONAR, SINO SOBRE LAS CAUSAS, Y GROUCHO MARX DECÍA QUE LA CAUSA DEL DIVORCIO SUELE SER EL MATRIMONIO, SI SOBRE LAS CONSECUENCIAS, no tanto sobre la institución del matrimonio, sino sobre las personas que puedan verse afectadas.
    Porque, las luchas del divorcio tienen, normalmente, un transfondo de dinero y problemas sociales.
    Claro que una mujer embarazada, de 20 años, sin oficio ni beneficio, como se decía antes, sin trabajo, puede pedir el divorcio, pero, ¿ quién tiene que pagar las consecuencias ?.
    Porque con el divorcio, que no hay que justificar, se EXPULSAN A PADRES, normalmente, a la calle. Sí, a la calle.
    Intervienen equipos psicosociales para decir lo que es bueno, o mejor, para, en teorías no contrastadas y no legalizadas, recomendar normas con un transfondo social, y una injusticia grande.
    Claro que todos lamentamos cualquier tipo de violencia, pero aquí no es el mayor problema de las mujeres la violencia en el seno de los matrimonios o familias, sino los más de dos millones de mujeres en paro. Y cuando digo esto, recuerdo lo dicho anteriormente: NINGUNA MUJER U HOMBRE NECESITA PERMISO DE JUEZ ALGUNO PARA DEJAR DE CONVIVIR. Y lo digo porque los teóricos y estrategas de esas políticas hablan de años de maltratos, de años en que la mujer tarda en denunciar. O son tontas, o no están bien informadas, o al final hay dramas por el dinero, por problemas sociales, por el paro, deudas, etc.
    Independientemente, de lo que podamos pensar cada uno, si que es exigible al FORO DE LA FAMILIA que EXIJA A LOS PODERES PÚBLICOS, al PP que ahora gobierna en ESPAÑA, que la MEDIACIÓN FAMILIAR sea obligatoria, en estos casos, y las excepciones, que se pidan, pero si las sentencias son a falta de acuerdo de los cónyuges, y a menudo padres, la sociedad debe sentarles, sino para ver causas, si para ver efectos: PARO, EMPLEOS PRECARIOS, VIVIENDAS CARAS……
    Porque independiente de que lo ideal es que los matrimonios duren y duren, los hijos sean de los mismos padres, con esto del divorcio, dos de un cónyuge o pareja, uno del otro, y otro entre los dos, etc., etc.
    Independientemente de las cifras tremendas de divorcios, lo grave es que una llamada de una mujer es la detención de un padre, una expulsión del domicilio familiar, que quizá tenga que pagar, y a nadie le interesa si va a dormir debajo de un puente, o ese problema los van a soportar familiares.
    Sí, es duro el número de divorcios, pero vertamos lágrimas por los padres que son expulsados de su vivienda: detención, orden de alejamiento, ver a los hijos algunos días al mes, en el mejor de los casos.
    Vertamos lágrimas por esos niños a los cuales nadie les cuenta, de verdad, esas situaciones, y hoy la sociedad fomenta denuncias y denuncias, pleitos civiles, penales y militares, y perdonen la broma.
    Sí, lloremos por el escandaloso número de divorcios, pero, por lo menos, EXIJAMOS RESPONSABILIDAD SI SE PRODUCEN, y no es pedir peras al olmo, si EXIGIMOS AL PP, AL GOBIERNO DE MAYORÍA ACTUAL, que la MEDIACIÓN FAMILIAR SEA OBLIGATORIA, SI LO EXIGE UNO DE LOS CÓNYUGES, Y SI ALGUNO NO LO QUIERE, QUE SOLICITE Y ARGUMENTE LAS RAZONES POR LAS QUE SE NIEGA A REFLEXIONAR CUANDO LOS JUECES DECIDEN A FALTA DE ACUERDO.
    Por lo menos eso. En cuanto al número de divorcios, esa tremenda marea, ese tremendo drama, hoy tiene mal arreglo.
    Gracias por leer estas pequeñas reflexiones.
    Critíquenlas, se agradecerá el debate.

  7. El elevadísimo número de rupturas matrimoniales que se da en nuestra sociedad es consecuencia de que muchos matrimonios son nulos. Nulos por existir un engaño en las intenciones y promesas de una de las partes. Es un matrimonio falso cuando en la noche de bodas el novio dice que no quiere tener hijos. O cuando la novia confiesa que ha provocado un aborto y que ya no puede tener más embarazos. Tanto si han tenido relaciones pre-matrimoniales como si no las tuvieron, algunos enlaces se hacen como acto social, sin profundizar en el significado del Sacramento de Matrimonio. Así. el divorcio no es una solución. No. Pero es casi imposible crear una familia feliz.

  8. El divorcio no es «el problema». Es el resultado de la mala educación para el amor. De la mala preparación para el matrimonio; de la insuficiente formación de una gran cantidad de jóvenes; Es el efecto de la inmadurez; es la consecuencia del ambiente de una juventud que cifra su interés en la «salida» del fin de semana.En su búsqueda del placer inmediato sin reparar en las consecuencias. El divorcio es la consecuencia lógica… cuando uno de los cónyuges discrepa con las premisas básicas del matrimonio. Cuando uno quiere hijos y el otro no. Cuando uno se entrega y el otro no. Es inviable el matrimonio. Es inevitable el divorcio. La EDUCACIÓN es el problema.

  9. Rodrigo Diaz

    Sobre el divorcio como fracaso personal de los cónyuges:
    Tras cuatro años de matrimonio mi mujer me comunicó su deseo «inapelable» de separarse. Nunca antes había planteado nada al respecto, así que le pedí que pusiera las condiciones que quisiera, y yo me comprometía a ceptarlas, porque entendía que la unidad familiar es algo extraordinariamente valioso como para jugar alegremente con ella. Y menos aún cuando hay hijos. Finalmente se avino a un acuerdo, en contra de la opinión de su padre y con las reservas de su madre (ambos de misa diaria). Menos de una semana después me dijo que aunque yo había cumplido las condiciones que ella impuso, y no tenía queja al respecto, no quería seguir conviviendo conmigo, y me pidió que abandonara el domicilio familiar. Consciente de la figura de abandono de hogar, le dije que si quería que me fuera tendría que interponer una demanda de separación. Como respuesta su hermana se instaló en nuestra casa dificultando en todo lo posible la convivencia y particularmente mi relación con mis hijos pequeños. Volvieron a decirme que si no quería aquello me fuera. Finalmente y tras 5 meses de infierno en mi propia casa, llamaron a la policía, acusándome de violento. Por la forma de la llamada la policía tuvo que comprobar los hechos y al constatar que era mentira no me detuvieron pero me recomendaron encarecidamente que abandonara inmediatamente el domicilio familiar, porque una 2ª llamada se traduciría inevitablemente en mi detención. Como la intervención policial imposibilitaba ya acusarme de abandono de hogar, mi mujer puso la demanda de separación. Así rompieron mi matrimonio. Durante las 2 semanas siguientes estuvieron dejándome en el buzon del teléfono mensajes de mi hija menor, que entre sollozos se enfadaba conmigo porque me había ido sin ella.
    Estoy de acuerdo con que el divorcio no es ninguna solución, sino un grave problema. pero no estoy dispuesto a admitir que se diga con la solemnidad del que ve los toros desde la barrera, que constituye un fracaso personal de quienes se divorcian: constituye un estrepitoso fracaso personal del sedicente, del que imcumple el compromiso de «hasta que la muerte nos separe», del que frivoliza el matrimonio y desprecia el daño que causa a sus hijos. Pero no del que resulta ser víctima de la situación, del que a pesar de sus esfuerzos y de poner todos los medios a su disposición, no consigue evitar el desaguilsado y es víctima de él. No hablo aquí de los divorcios pactados, o de común acuerdo. Sino de los impuestos a quien, sin comerlo ni beberlo, se topa con ello. El matrimonio es un compromiso para trabajar día a día, y hasta el final de la propia vida, para sacar la familia adelante. No sólo en lo material -que también-, sino sobre todo estando «ahí» para manifestar verdadero amor al cónyuge y a los hijos, contribuyendo de manera efectiva a su educación. Y quien lucha por eso hasta que -literalmente- le echan de casa (y aun así lo sigue intentando), NO FRACASA.

    1. CARLOS

      Estoy totalmente de acuerdo con Rodrigo Diaz. Hoy hay muchos jóvenes (conozco alguno) que ante historias como esta, se plantean no casarse, pues como ellos dicen, para al final separarte por un quítame allá esas pajas. De novios es todo muy bonito, pero luego hay personas que no son capaces de respetar el famoso juramento, ni de aguantar los inconvenientes de la vida, y lo tiran todo por la borda, sin mirar a los hijos, cónyuge, familia, sólo pensando en su egoísmo, porque las leyes encima les amparan.

  10. Rosa Mª

    En mi vida profesional, al relacionarme con mis alumnos y sus familias, he podido vivir de cerca cómo el divorcio de los padres, no es solo traumático para ellos, sino, de modo especial, para los hijos. No es cierto que «los niños se acostumbran a todo», tampoco lo es que «es mejor» la separación. Es mejor luchar por volver al respeto y cariño y dejar de pensar que «no tengo por qué aguantar», en realidad es un problema de egoísmo y/o inmadurez afectiva.

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