¡Por fin, empieza el cole!

¿Eres de los/as que experimentan alegría, liberación, en estos días en tus hijos vuelven al cole o, por el contrario, como también ocurre en algunos casos, perteneces más bien al grupo de quienes de quienes viven la separación con pena?

Por supuesto, cada familia, cada persona, somos un mundo y, bromas aparte, cada uno vivimos las circunstancias de nuestra vida en función de nuestras características personales, sociales, idiosincráticas, y no sería muy acertado tratar de acomodar nuestro enfoque al de la mayoría de nuestros vecinos, familiares, o amigos.

Sin ánimo de generalizar, quizá estemos viviendo estos momentos de comienzo de curso de forma relativamente automática, como siguiendo un incuestionado, e incuestionable, guion. Se acaban las vacaciones, comienza el trabajo de los papás (mamás incluidas, se entiende), y, “por resonancia”, de los abuelos, los niños “tienen” que ir al cole y hay que apurar los últimos días de las rebajas de verano. Todo muy previsible, como corresponde a una sociedad “desarrollada”, que puede estar siendo la meta a la que otras sociedades desean imitar. Por el contario, el acceso a la escolarización (nótese que no digo “educación”) es, en muchos países, un derecho aún no satisfecho, mientras que, en otros, se ha convertido en una obligación legal cuyo incumplimiento puede conllevar la retirada a los padres de la patria potestad sobre sus hijos.

En todo caso, el comienzo de curso parece un buen momento para reflexionar sobre algunas cuestiones nucleares en torno a la cuestión “Educación y Familia”, alejándonos de tantos reduccionismos que restringen el profundo, rico, y fecundísimo concepto de educación convirtiéndolo casi en sinónimo de “enseñanza – aprendizaje” y alejando así a las familias de su esencial papel de educadoras.

Sobre la esencial cuestión “La familia, principal ámbito educativo” recomiendo a los lectores de este breve artículo las nueve ponencias de unos 20 min. cada una que, impartidas por profesores universitarios de plena solvencia, se pueden ver en: https://jfcalderero.wordpress.com/2018/02/05/xv-seminario-del-capitulo-de-educacion-de-aedos-la-familia-principal-ambito-educativo/

Obviamente, si bien le corresponde a la familia la máxima responsabilidad en la educación – el desarrollo en plenitud – de sus miembros, en muchas ocasiones, y para muchos aspectos técnicos del desarrollo personal, es necesario que pueda contar con el apoyo de profesionales que la puedan ayudar en su indelegable tarea; todo ello situando el carácter educativo de la familia en los proyectos sólidos de felicidad como afirman los autores del muy recomendable artículo:https://www.unav.edu/publicaciones/revistas/index.php/estudios-sobre-educacion/article/view/1884/1754

Por último, alejándome del muy extendido reduccionismo que sitúa la educación casi exclusivamente en el ámbito de la formación para el empleo, comparto una novedosa, y amplia, definición de educación de la que se pueden deducir importantes consecuencias: “Educar es ayudar a cada ser humano a establecer y mantener vínculos valiosos con la realidad[1] y a la que conviene añadir “especialmente con las personas” (Calderero, J. F., Perochena, P. y Peris. R., 2015. p. 123)[2]

José Fernando Calderero
Dr. en Filosofía y CC de la Educación

[1] J. F. Calderero, en la conferencia “¿Realmente la educación es tan importante?” Pronunciada el 4 oct. 2012 en el Congreso Internacional: “MAYORES, MENORES, MUJERES Y HOMBRES: CUESTIONES CONTROVERTIDAS SOBRE LA IGUALDAD” organizado por la Universidad de Alcalá de Henares.

[2] https://revistas.uam.es/tendenciaspedagogicas/article/view/163

 

4 Comentarios

  1. Manuel García de Polaviena

    Gracias por la reflexión. Cabría preguntarse si. Para muchas familias es casi un alivio que otros se «encarguen» de la educación de sus hijos y así pueden culpar a otros de los problemas que surjan. También si a ciertos poderes les interesa apropiarse de la educación para imponer idearios. Trabajo en el mundo de la enseñanza-educación y desde luego en cada niño está claramente marcada la impronta de la familia a la que pertenece.

  2. Santiago López Navia

    Sabia y muy pertinente reflexión, como acostumbra el autor. Otra cosa es que todas las familias tengan suficientemente claro su compromiso educativo y la necesidad de aliarse con la escuela en el proyecto común de la educación. Ahí tenemos que ahondar.

Dejar una respuesta

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Utilizamos cookies de Google Analytics para analizar el comportamiento de los visitantes de la web y ver el contenido que más os interesa, también cookies de Addtoany para permitir compartir contenido. Si sigues navegando por nuestra web entenderemos que aceptas el uso de estas cookies. Más información sobre las cookies que utilizamos en nuestra Política de cookies.