¿Por qué no?

Es la pregunta que me hago constantemente, porque no alcanzo a entender cómo sigue sin promulgarse una Ley Integral de Familia en España; ni siquiera existe una intención clara de ponerse manos a la obra.

El artículo 39 de nuestra Constitución, en su punto 1, reza textualmente: “Los poderes públicos aseguran la protección social, económica y jurídica de la familia.” Este derecho queda muy bonito sobre el papel de la Carta Magna, pero no se hace efectivo en la realidad, ni podrá hacerse, mientras no se desarrolle mediante una Ley. Y esa es la Ley que, por motivos que desconozco (de ahí mi eterna duda), ni siquiera está en el horizonte de intenciones del Poder Legislativo, ni del Gobierno de turno.

No hay individuo sin familia. Algunos somos hermanos, otros somos padres, y todos somos hijos y somos nietos. Somos familia. Los datos están disponibles: en España vivimos en familia la inmensa mayoría de los ciudadanos. Pero parece que no somos lo suficientemente vociferantes, o no estamos lo bastante organizados, como para ejercer una determinada (y necesaria, me atrevo a decir dado el origen de leyes promulgadas estos años) presión a los poderes públicos y que de esta manera se tome en serio la importancia de la familia en la sociedad.

Impulsar la natalidad no sólo es importante, sino urgente. Más allá de garantizar un relevo generacional que no resquebraje el sistema de pensiones, está en juego nuestra cultura, nuestro presente y nuestro futuro. Lo escribí al hilo de otro asunto: no hay sociedad próspera posible sin hijos, sin padres, sin madres.

La maternidad ha de tomarse en serio, necesitamos estereotipos positivos, necesitamos una Ley que garantice y ponga en alza el papel de las madres. Que las proteja, las respete y que ayude a cambiar la percepción de que ser madre termina con la vida de la mujer. Esta corriente radical que entiende la maternidad como un lastre para la “liberación” de la mujer choca frontalmente con el progreso de la civilización –Kinder  (niños) es una de las tres “K” del idioma alemán que tendría que evitar la mujer para poder realizarse, junto con Küche (cocina) y Kirche (Iglesia).

Lo mismo ocurre con la paternidad. Necesitamos medidas concretas para conciliar vida laboral y familiar, así como ayudas de índole presupuestaria no sólo en el momento del nacimiento de un hijo (que también), sino durante la crianza y desarrollo del mismo.

Invertir en familia es invertir en presente y en futuro, es invertir en una sociedad mejor y más fuerte. Desatender las necesidades reales de la inmensa mayoría de los ciudadanos de un país, como es el caso, no sé lo que es, pero desde luego no lo alcanzo a entender.

Quizá debamos, desde la sociedad civil, ser más conscientes del problema y reclamar con más fuerza que se respete lo que ya es nuestro (este derecho del art. 39 CE), que se elabore de una vez una Ley Integral de Familia en España.

En el Foro de la Familia estamos disponibles, y con artículos y propuestas concretas, para ponernos codo con codo con quien se disponga a tomarse en serio el proyecto.

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