Rebeldes con causas

La adolescencia -período de la vida de la persona comprendido entre la aparición de la pubertad, que marca el final de la infancia, y el inicio de la edad adulta, momento en que se ha completado el desarrollo del organismo- es una etapa difícil y compleja para padres e hijos. Es uno de los intervalos de la vida más importantes para la formación de la persona, donde se producen profundos cambios biológicos, psicológicos y sociales, este proceso de maduración llevara a formar la propia identidad de la persona. Es muy importante que los padres estén formados e informados al respecto.

Entender la adolescencia

Al entrar en la adolescencia, los chicos empiezan a separarse de sus padres y a ser más independientes. Cada vez dan más importancia al modo en cómo les ven los demás, especialmente los de su misma edad, intentando encajar y ser aceptados en el grupo. Adquieren mayor conciencia de en qué difieren de los demás chicos de su edad, empiezan a probar diferentes apariencias físicas, estilos e identidades. A la hora de tomar decisiones, son más importantes los amigos que los padres.

Es una época de expansión intelectual y social, de consolidación de la propia identidad. Esta identidad se basa en la personalidad del adolescente, pero se configura también en base a su “yo social”, a las experiencias que comparte con los amigos, compañeros y familiares. Es cuando se consolidan sus creencias sobre la realidad y sobre sí mismos.

La principal meta de un adolescente es lograr la independencia, por ello empiezan a alejarse de los padres, sobre todo de la figura paterna o materna con quien había mantenido una relación más estrecha. Discrepan de los padres y no quieren pasar tanto tiempo con ellos como antes. Los adolescentes forman su propio código ético y escala de valores, empiezan a autoafirmarse y a afirmar sus opiniones con fuerza, rebelándose contra el control paterno.

También es un momento en que son más vulnerables ante las adicciones, iniciándose en el consumo de alcohol, tabaco, drogas, relaciones sexuales, internet, videojuegos, etc. Las zonas del cerebro que ejercen el autocontrol sobre los impulsos no están totalmente formadas en la adolescencia, por lo que la tendencia a la adicción no es solo un trastorno del comportamiento, sino también un problema de desarrollo neuronal. Los grandes cambios bioquímicos que se producen en esta etapa de la vida llevan a la persona a buscar nuevas experiencias sin que estén listos los mecanismos fisiológicos de contención.

Hace falta paciencia, cariño y mucho tacto por parte de los padres en este periodo.

¿Qué hacer ante un adolescente?

Por un lado, hay que prepararse e informarse sobre esta etapa de la vida para afrontarla de la mejor manera posible, y por otro conviene hablar con los hijos, darles información precisa y ayudarles a conocer sus sentimientos. Si ya has dialogado con tu hijo anteriormente sobre como es el cuerpo humano, sus características, de donde vienen los niños, las poluciones nocturnas, la menstruación y otros temas de su interés, más probabilidades tienes de mantener abiertos los canales de comunicación en la adolescencia. También conviene compartir con los hijos los recuerdos de la propia adolescencia, que sepan que sus padres también pasaron por eso y que es algo normal en el crecimiento.

La adolescencia es una etapa de experimentación que a veces incluye comportamientos arriesgados, por lo que los padres no deben eludir los temas referentes al sexo, el alcohol, las drogas o cualquier otro asunto “espinoso”, si conversan con su hijo abiertamente sobre estos temas antes de que se exponga a ellos, habrá más probabilidades de que actúe responsablemente cuando llegue la oportunidad. Es bueno que los padres compartan los valores de su familia con el hijo e indicarle lo que consideran correcto o incorrecto.

La adolescencia es también una etapa de desajustes emocionales, por lo que os ayudará empatizar con vuestro hijo, ponerse en su lugar, ayudarle a entender que es normal que tenga altibajos emocionales, que este preocupado o cohibido ante sus propios cambios, etc.

Respetad su intimidad y no esperar que comparta con vosotros sus ideas o actividades. Los padres debéis saber dónde está, con quién sale y que está haciendo, pero sin ser exhaustivos, qué vuestro hijo sepa que confiáis en él, pero que si rompe vuestra confianza disfrutará de menos libertades. Hay que estar al tanto de lo que ve, lee y escucha (sobre todo el uso del móvil e internet), los chicos de hoy día tienen acceso a muchísima información y conviene saber qué es lo que aprende en esos medios y con quién se comunica a través de ellos. No temáis fijarle límites de tiempo para ver la televisión, el uso de internet o del móvil. Es conveniente que la televisión y el ordenador estén en lugares públicos de la casa. Enseñarles de los peligros acerca de la exposición en redes sociales, el mobbing (acoso), etc.

Escoged vuestras batallas, guardando las objeciones para cosas de importancia, así no os “quemareis” en temas secundarios como los cambios en su forma de vestir, el pelo, etc. que son pasajeros y una forma de rebeldía para autoafirmarse en muchas ocasiones.

Si fijáis expectativas realistas y apropiadas, vuestro hijo intentara cumplirlas. Los adolescentes suelen entender, y necesitan saber, que sus padres se preocupan lo suficiente por ellos como para esperar determinadas cosas como respetar las normas de casa, estudiar y sacar buenas notas, comportarse con educación, etc. Igual hay que establecer unas normas apropiadas para esta nueva etapa en su vida.

Conviene que conozcáis a los amigos de vuestro hijo y a los padres de sus amigos, ya que los padres podéis ayudaros unos a otros a hacer un seguimiento de las actividades de vuestros hijos sin que estos se sientan vigilados.

Debéis aprender a identificar las señales de alarma cuando los cambios son drásticos o duraderos en el comportamiento o la personalidad de vuestro hijo, ya que pueden indicar que existe un problema real que requiera ayuda de un profesional. Esas señales pueden ser el aumento o pérdida excesiva de peso por trastorno de la conducta alimentaria, o problemas de sueño, o cambios rápidos y drásticos en su personalidad, el cambio repentino de amigos, el faltar a clase frecuentemente, empeorar en el rendimiento en el estudio y las notas, el hablar y bromear sobre el suicidio, indicios de que bebe alcohol o consume drogas, problemas de orden público o con la ley, aislarse socialmente, etc. Cualquier comportamiento inadecuado que dure más de un mes puede ser signo de que algo le pasa y hay que averiguar lo que es.

La adolescencia es un período de intenso desarrollo físico, moral e intelectual que puede resultar tumultuosa y confusa para muchos padres. Los adolescentes suelen ser enérgicos, considerados, idealistas y tienen un gran interés por lo que es justo y correcto. Puede ser un periodo conflictivo entre padres e hijos, pero también es un momento para ayudar a los adolescentes a madurar y convertirse en las personas que serán en el futuro.

Etapas de la adolescencia

La preadolescencia (de los 8 a los 11 años): inicio de la pubertad. A las niñas les crece el pecho, las caderas se ensanchan y empieza a surgir el vello; los niños pegan el estirón, sus genitales se hacen más evidentes y el vello empieza a surgir en todo su cuerpo.

Los niños comienzan a tener un pensamiento razonador, se producen grandes progresos en la capacidad para pensar en términos abstractos, reflexionar sobre situaciones hipotéticas u operaciones lógicas y matemáticas. Necesitan sentir la responsabilidad de realzar sus proyectos o encargos, de tener ocasión de hacerse valer, y de experimentar cierta libertad en sus acciones.

Los niños pasan a relacionarse más con otros chicos varones de su edad y se distancian un tanto de las niñas. Las niñas también prefieren la compañía de otras chicas, es el momento en que empiezan a compartir secretos.

Paulatinamente va cambiando la relación de los preadolescentes con los padres, volviéndose más distantes, aislándose y rehuyendo el contacto con el resto de la familia.

La adolescencia temprana (de los 11 a los 15 años). Se dan los principales cambios hormonales y es la fase en la que se producen los mayores cambios físicos. En las niñas aparece la primera menstruación, el acné, los chicos cambian la voz, se desarrolla la musculatura y los órganos sexuales hasta tener una apariencia más adulta. Debido a estos cambios necesitan comer más y dormir más tiempo.

El adolescente desarrolla el pensamiento abstracto y una imagen de sí mismo que proyecta en los demás. El gregarismo pasa a tener un papel muy importante tanto al relacionarse con los demás, y buscar referentes fuera de la familia, como para construir la propia autoestima y autoconcepto. Valoran mucho la opinión de los demás sobre uno mismo, la imagen y la estética son muy importantes en este periodo, experimentan con cosas nuevas.

El narcisismo y la sensación de invulnerabilidad hacen que el adolescente sea más agresivo y tenga comportamientos de riesgo. El contacto con el otro sexo se incrementa, no sólo responde a un deseo sexual creciente sino también al narcisismo y la exploración de los propios límites y que necesita poner a prueba el grado de atracción que posee.

La adolescencia tardía (de los 15 a los 19 años). El adolescente ya es físicamente adulto y sus órganos sexuales están plenamente capacitados para la reproducción. Los cambios físicos se ralentizan, lo que le permite fijar su imagen corporal y desarrollar más fácilmente una imagen de sí mismo. Se alcanza la altura máxima del crecimiento y la dimensión del cuerpo es más cohesionada, se gana en masa muscular.

El joven puede pensar en abstracto sin dificultad y percibe perfectamente las implicaciones futuras de sus actos. El desarrollo del pensamiento es un factor individual que depende de las condiciones del entorno y de las propias capacidades de la persona. Termina de desarrollarse la conciencia social, se es menos egocéntrico, se interesan por la política y los procesos sociales. Los planes a largo plazo ocupan un papel más importante. La imagen que se da empieza a dejar de ser uno de los principales pilares de la propia identidad. Las necesidades de atención y de pertenencia a un grupo pierden importancia en pro del fomento de las relaciones individuales.

 

Inés Llorente
Máster en Matrimonio y Familia

 

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