Resiliencia

Vivimos en un contexto de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad. La rapidez de los cambios, lo impredecible, la hiperconectividad y saturación de información, el relativismo con su ausencia de ideas claras que nos desconcierta y desorienta. La vida se ha convertido en un producto de consumo donde se han destruido los vínculos naturales… ¡Son muchos los retos que se nos presentan!

Es cierto que no podemos elegir gran parte de lo que nos sucede, pero sí que somos libres de elegir la actitud con que afrontamos esos sucesos. Vivir no es fácil, constantemente tenemos que recomenzar, nuestro camino está lleno de dificultades y momentos difíciles, aunque también hay momentos de felicidad. ¿Qué es lo que le pedimos a la vida? ¡la felicidad!, y para ello tenemos que superar las derrotas y levantarnos cada día. La felicidad tiene mucho que ver con la manera en que yo me observo, analizo y juzgo, y con lo que yo espero de mí y de mi vida. La felicidad se encuentra en el equilibrio entre mis aspiraciones personales, afectivas, profesionales y lo que he ido poco a poco logrando.

Tenemos dos opciones frente a los acontecimientos que nos suceden: o dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos. Para esto último contamos con la resiliencia, que es la capacidad que tenemos los seres humanos para adaptarnos positivamente a situaciones adversas y ser felices. Las personas resilientes no nacen, se hacen: han tenido que luchar contra situaciones adversas o han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse en situaciones adversas han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentarse a los diferentes retos de la vida.

Practiquemos la resiliencia siguiendo una serie de pautas

Siendo conscientes de nuestras fortalezas y debilidades. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y nos ayudará a tener una autoestima adecuada. Conociendo nuestras principales fortalezas y habilidades, así como nuestras limitaciones y defectos, podremos trazar metas objetivas contando con los recursos de los que disponemos para conseguirlas.

Confiando en nuestras capacidades. Al ser conscientes de nuestras potencialidades y limitaciones, confiamos en lo que somos capaces de hacer sin perder de vista nuestros objetivos y sintiéndonos seguros de lo que podemos lograr. Igualmente sabremos cuándo es necesario pedir ayuda y contar con los demás para conseguirlo.

Asumiendo las dificultades como una oportunidad para aprender y crecer. Ante situaciones dolorosas que nos desmotivan, ver más allá de esos momentos y no desfallecer. Asumir las crisis como una oportunidad para generar un cambio, aprender y crecer. Esos momentos no serán eternos y nuestro futuro dependerá de la manera en que reaccionemos ante ellos. Somos creativos cuando transformamos esa experiencia dolorosa en algo positivo.

Practicando el mindfulness (atención plena en el momento presente). Vivir en el presente, aquí y ahora, teniendo una gran capacidad de aceptación. El pasado forma parte del ayer, no debe ser una fuente de culpabilidad y angustia, y el futuro no debe inquietarnos ni preocuparnos por su incertidumbre. Ser capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentar sacarles el mayor provecho. Disfrutar de los pequeños detalles y no perder la capacidad de asombrarse.

Viendo la vida con objetividad y optimismo. Somos objetivos porque conocemos nuestras potencialidades, los recursos que tenemos y nuestras metas. Siendo conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, nos esforzaremos por centrarnos en los aspectos positivos y disfrutar de los retos que se nos presentan.

Rodeándose de personas con una actitud positiva. Cultivar la amistad con personas que tienen una actitud positiva ante la vida y evitar a los “vampiros emocionales”. Así logramos crear una sólida red de apoyo que nos puede sostener en los momentos de mayor dificultad. También acudiendo a un profesional cuando sea necesario.

No intentando controlar las situaciones, sino nuestras emociones. No podemos cambiar la realidad, pero si nuestra actitud, nuestras emociones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida; si algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Como es imposible controlar todas las situaciones, debemos aprender a lidiar con la incertidumbre y sentirnos cómodos, aunque no tengamos el control.

Siendo flexibles ante los cambios. Adaptar nuestros planes y cambiar nuestras metas cuando sea necesario. Valorando las diferentes alternativas, sin aferrarnos a nuestra idea inicial o a una única solución.

Siendo tenaces en nuestros propósitos. El ser flexible no implica que uno renuncie a sus metas, al contrario, si algo le distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La persona resiliente tiene una motivación intrínseca que le ayuda a mantenerse firme y luchar por lo que se propone.

Afrontando la adversidad con humor. El sentido del humor es importantísimo en nuestra vida, ser capaz de reírse de la adversidad y de uno mismos. La risa es nuestra mejor aliada porque nos ayuda a ser optimistas y enfocarnos en los aspectos positivos de las situaciones.

Inés Llorente
Máster en Familia

 

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