Sentimentalismo tóxico

Título: Sentimentalismo tóxico. Cómo el culto a la emoción pública está corroyendo nuestra sociedad.

Autor: Theodore Dalrymple

Editorial:  ALIANZA

Ensayo dedicado al análisis crítico de las modernas tendencias que presentan, bajo capa de altruismo y sensibilidad ética, una visión deformada del hombre en las diversas facetas de su existencia, desde las relaciones familiares y profesionales a las formas de integración dentro de la sociedad.

Los primeros conflictos se plantean en el ámbito de la educación en sus distintos niveles y grados, desde el jardín de infancia a los institutos y la universidad. Como reacción a los antiguos sistemas de enseñanza a lo largo del siglo XX, se han impuesto en los países Occidentales durante el siglo XX una serie de innovaciones que rompen de forma radical con los métodos pedagógicos seguidos hasta el momento. Se parte de la base errónea de considerar, de acuerdo con las ideas del pensador suizo JJ Rousseau, que la bondad innata de los niños se destruye cuando se les impone un aprendizaje diseñado para introducirlos en el mundo hipócrita de los adultos.

Thedore Dalrymple, pseudónimo del psiquiatra británico Anthony Daniels, rechaza de plano las nuevas teorías pedagógicas y demuestra con datos los perjuicios ocasionados en los niveles culturales y profesionales de las nuevas generaciones. Carentes de control y dejados a su arbitrio, los alumnos no aprenden a leer y escribir, rechazan las matemáticas y al acceder a la universidad no disponen de los conocimientos adecuados. El permisivismo paterno y la falta de disciplina agrava, según Dalrymple, un conflicto que degenera en diversas formas de violencia y acoso dentro y fuera de las aulas. Parecidas actitudes de sentimentalismo emocional se repiten a la hora de compadecer antes a los delincuentes que a sus víctimas, de resaltar la severidad de las sentencias judiciales y el excesivo rigor de las cárceles. No se trata, en definitiva, de negar que los sentimientos humanos deben tenerse en cuenta en las distintas fases de la vida, infancia, adolescencia y madurez, pero sí de buscar el equilibrio entre las emociones y la razón con el fin de evitar situaciones de difícil solución.

El autor expone sus argumentos a partir de ejemplos tomados de la realidad social y cultural de Inglaterra, aunque los problemas a los que se refiere son comunes a los países desarrollados de Europa y América. El estilo sencillo cumple con acierto el propósito del autor de dar a conocer ante el gran público la necesidad de recuperar los tradicionales valores de tenacidad, disciplina y esfuerzo que habían demostrado su eficacia y fomentado el progreso cultural y económico de los países occidentales.

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