¿Solo en casa?, No gracias

“¡Cinco hijos!”. Antes de la cuarentena sólo preguntaban… Ahora exclaman, y luego, como los policías que pidieron la documentación de familia numerosa al buen padre que disfrutaba con sus hijos en el jardín, pensando que estaba violando la cuarentena con tanto crío: “Ya tiene bastante…”.

Las cifras son: 5 hijos (el mayor tiene 12 años), 1 esposa paciente de cinco Servicios ahora sin consultas y de “alto riesgo”, 1 (yo) haciendo teletrabajo, 17 días de cuarentena y 0 jardín, 0 terraza… 2 familiares ingresados por coronavirus, y muchos amigos y desconocidos más pasándolo tan mal…

“¡Qué horror!”, “¡Pobre!”, “¡Me pasa a mí y me muero!”… Pues no, gracias. En esta casa vive una familia, y eso significa que no sobra nadie, ni siquiera yo. Que todos somos importantes, que a cada cual, mamá y papá o el que pueda, le darán lo que necesita porque le quieren todo. Que si tienes que esperar un poco, te esperas, que ya llegará tu turno como en el colegio, en la cola del super y después el resto de tu vida.

Los niños se ponen nerviosos de vez en cuando y nosotros más de lo que deberíamos, pero todo se olvida y aquí no ha pasado nada. Salir a la compra, cada dos o tres días, implica hacer eses por la calle, sobrecargar el hombro, encerrar a los niños a la vuelta, ducharse y lavar la ropa… y la compra… y agradecer que no les falta nada necesario de verdad a los que amas. Lo que quieren y no tienen, les ayudará a agradecer lo que tienen, que no es poco.

Y hablando de lo peor, sustituir en parte a sus profesores, y digo en parte porque esos héroes están haciendo muy bien su trabajo para que cada alumno pueda seguir progresando. Para no desmerecer tenemos que imprimir las tareas de cinco, “ayudarles” a sentarse a hacerla, “ayudarles” a hacerse responsables de hacerla, “ayudarles” a no molestar al resto que está trabajando, “ayudarles” a conectarse a la teleclase y “ayudarles”, de vez en cuando, con eso que no entienden en el aula multiedad que tenemos montada en el salón.

«Ayudando» con los deberes

Esto te hace preguntarte ¿Cómo lo hacen los profesores con 25 cada día? ¿Cómo miden cada tarea para que estén ocupados, se sientan satisfechos y motivados y sigan aprendiendo? Ya no sé si son profesionales o magos, pero la verdad es que está funcionando… y la mayoría de esos héroes también tienen hijos, enfermos en la familia, amigos pasándolo mal… Cuando me entero que algún padre, los menos, les pone pegas estos días… ¡Un aplauso y un gracias como una Catedral es lo que se merecen!

Algo tiene que ver, para que todo funcione, la madre de las criaturas, que por dejarme teletrabajar en una esquina de la casa, termina loca de imprimir y “ayudar” a los peques en todo lo que necesitan, calma peleas, prepara almuerzos, les devuelve a la mesa de trabajo, se multiplica cien veces… Si a ella le tocó el gordo conmigo, a mí sí que me tocó la quiniela de único acertante de 14 y el complementario.

Ya estamos preparando actividades en familia para cuando los profesores se vayan a sus merecidas vacaciones. Estaremos solos, quiero decir sin ellos, y tendremos que llenar el día de nuestros hijos para que sean las mejores Vacaciones de Semana Santa de su vida. No se merecen menos ni pensamos ofrecerles otra cosa, y sabemos que “empantallados” para no molestar, no es lo que se merecen.

Cero minutos de aburrimiento

Sonrío cuando oigo hablar de “ahora que estamos con más tiempo y tranquilos en casa para…” y se me hiela el gesto cuando pienso en todas esas personas que viven solas, sin nadie a su lado cuyo bienestar les haga olvidar sus miedos, sin nadie cuyos caprichos satisfacer, sin nadie cuyo interés superior dé sentido a cualquier sacrificio con tal de que se satisfaga, aunque no les guste y no te lo agradezcan por ahora… ¡Qué horror! ¡Pobres! ¡Si me pasa a mí me muero!

Las cifras reales son: 5 campeones que le dan sentido a mi vida, y cada uno a su manera, 1 esposa que la llena sin quitar espacio a todo lo demás, 1 trabajo que nos permite llegar a fin de mes, justitos, pero llegar o casi, 17 días llenos de momentos de todos los sabores con las personas que me vuelven loco sólo con entrar en la habitación y me regalan una obra de teatro en casa cada cinco minutos… y 0 minutos de aburrimiento, 0 minutos de soledad… Infinitos motivos para agradecer formar parte de una familia numerosa cuando no se puede salir a la calle a “disfrutar de la vida”, porque la vida haya cuarentena o no, la que de verdad importa, son ellos, y a los abuelos, que están lejos, videollamada y a disfrutar de las pantallas que sí valen la pena.

A este virus le ganaremos más pronto que tarde, pero el regalo que nos ha hecho a muchos estos días de estrecha convivencia en familia lo tendremos para toda la vida. Aprovechémoslo.

Fernando de Pablo

 

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