Varias eurodiputadas se llevan sus hijos al no poder conciliar trabajo y familia

Varias eurodiputadas han llamado la atención en el Parlamento al llevar a sus hijos al hemiciclo de Estrasburgo, una forma de recordar las dificultades de las mujeres a la hora de conciliar su actividad profesional con su vida familiar.

«Animamos a las mujeres a estudiar, a tener un trabajo interesante. Y finalmente deben escoger entre su carrera y su vida privada. Las mujeres no deberían tener que escoger», afirma la diputada italiana Licia Ronzulli.

Miembro del conservador Partido Popular Europeo, la mujer de 36 años, cercana al ex primer ministro Silvio Berlusconi, ha ido en varias ocasiones al hemiciclo acompaña de su hija Vittoria, de 18 meses. Las fotografías de la pequeña, jugando con los auriculares de su madre o dibujando en su pupitre, han dado la vuelta al mundo.

En septiembre de 2010, la joven madre ya llamó la atención a sus compañeros del Parlamento y pidió a «las instituciones europeas, empezando por el Parlamento Europeo, que se comprometan más (con este tema)».

Mientras que Ronzulli da una dimensión militante a su acto, otras diputadas acentúan sobre todo consideraciones prácticas.

Una paradoja de la institución europea es en efecto que sus miembros no tienen derecho a la baja por maternidad, ni por paternidad, a diferencia de los empleados del continente: las que acaban de dar a luz son apuntadas como «ausentes» en caso de no participar en las votaciones y no reciben indemnizaciones diarias.

«Es una paradoja que las leyes que adoptamos aquí no se apliquen a las diputadas», subraya la británica Catherine Stihler.

Ella misma acudió al hemiciclo en la sesión plenaria de enero con su bebé de once semanas. «Me preocupaba que se despertara y que tuviera que darle de comer. Me parecía importante participar en esta votación destinada a elegir el nuevo presidente del Parlamento Europeo», cuenta.

Siete diputadas de la derecha y de la izquierda han escrito hace unos meses al anterior presidente de la institución, Jerzy Buzek, para pedirle la puesta en marcha de dispositivos adaptados a las madres de recién nacidos, sugiriendo por ejemplo la posibilidad de ser reemplazadas temporalmente o de poder delegar su voto.

Buzek respondió que pediría al secretario general examinar las soluciones posibles. Las diputadas deberían reiterar próximamente su demanda a su sucesor, Martin Schulz, según la alemana Franziska Brantner.

Independientemente de sus motivaciones, la acción por parte de un puñado de mujeres que han aprovechado la flexibilidad de las reglas del Parlamento para llevar a sus pequeños al hemiciclo ha sido bastante bien acogida por el conjunto de los eurodiputados. Aunque con algunas excepciones, según Ronzulli.

«Algunas diputadas más mayores han dicho que el Parlamento no era una guardería, que era malo para la solemnidad del lugar. ¡He respondido que era una pena que dichas críticas procedieran de mujeres!», afirma.

Para el sociólogo François de Singly, profesor en la Universidad París Descartes, la curiosidad -o la molestia- generada por el gesto de estas diputadas se debe a la disipación de la separación entre vida pública y privada que supone, más allá de la «reivindicación feminista».

«Gran parte de la construcción mental de Occidente se basaba en (esta) separación, que coincidía con la de masculino y femenino, razón y corazón. Este pequeño evento es revelador de una gran transformación, de un cuestionamiento de este corte, sin que se sepa bien cómo recomponer la frontera«, analiza.

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