Votar por la familia

De nuevo este domingo estamos llamados a las urnas. Tendremos en nuestras manos el futuro de las instituciones más cercanas a nosotros (ayuntamientos y muchas comunidades autónomas) y las que nos pueden parecer más remotas, pero cuyos designios nos afectan, y mucho.

Estas elecciones se vuelven a plantear, sin embargo, en una línea muy parecida a las anteriores. Todos los partidos vuelven a optar por la confrontación, por el «que viene el lobo» para movilizar a sus votantes y reeditar o mejorar sus resultados del 28A.

Con esta medida, que se ha demostrado eficaz para sumar apoyos, se está fracturando la sociedad. Se busca exacerbar el sentimiento de pertenencia a un bando, por encima del de ciudadano de un país, una región, una localidad. Se reafirma que tienen la verdad absoluta y se convierte, por tanto, al que piensa diferente en enemigo.

Estamos llamados a «votar feminista» para salvar a las mujeres de los malvados hombres; a votar para evitar que España se arruine o se rompa; a votar libertad frente a totalitarismo… Todo son absolutos. ¿Dónde queda el pacto, el encuentro? ¿No quedan políticos que piensen en el bien de la sociedad en su conjunto, también en el de aquellos que no les votaron o no les votarán nunca?

Conviene bajar el ritmo. Necesitamos una visión de Estado, un punto de unión. Y ahí tenemos a la familia. Un lugar de encuentro, donde conviven personas absolutamente distintas complementándose para formar algo que es muy superior a la suma de sus miembros. ¿Por qué no crear puentes a partir de esta institución? ¿Por qué no partir de una Ley integral de familia consensuada por todos?

2 Comentarios

  1. Carlos de Bustamante Alonso

    Es que, efectivamente «viene el lobo». Y creo que nos debemos sentir culpables. El «todos contra Rajoy, sin esa consigna , pero sí pura realidad, nos han traído estos lodos. L os que, si Dios no lo remedia, ya los tenemos dentro del rebaño. Y yo me digo: ¿No habremos sido un mucho «borregos» . He repetido por activa y por pasiva: «conviene, a veces, tolerar un mal -sabiendo que es mal- para evitar un mal mayor». ¿Por qué va a intervenir Dios en lo que pudimos resolver los hombres? ¡Ay, que ya es tarde para lamentos!

  2. Sería estupendo que los «partidos» (su nombre lo dice todo) dejaran (si fuera posible dada su naturaleza, origen y desarrollo) de fragmentar la sociedad y promovieran una cultura del encuentro.
    Sería estupendo que los políticos hubieran estudiado en centros académicos en los que se promoviera la cultura del encuentro (hay poquísimos) y no la competitividad como recurso imprescindible para la vida (como se inculca a los estudiantes por activa y por pasiva, también centros católicos cayendo en una flagrante contradicción).
    Sería estupendo que los políticos hubieran nacido en hogares abiertos en cuyo seno no se respirase una asfixiante atmósferas de «buenos» (los míos) y «malos» (los demás).
    Sería estupendo que los políticos hubiera aprendido desde pequeños a… amar, sin que les parezca una cursilada.
    Sería estupendo que se viralizase el ambiente que vivimos mi mujer y yo esta semana en http://arcoforum.es/ donde charlamos, cenamos, y convivimos en armonía y alegría durante una horas personas de varios países, religiones, y culturas sintiéndonos hermanos y dejando de lado toda artificial división destructiva. «Omne regnum divisum contra se desolabitur» Mt 12, 25.
    ¿Estamos seguros de que en el seno de nuestra propia familia se respira una atmósfera de fraternidad, también universal?
    ¡Paz y amor!
    @JFCalderero

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