Crisis conyugales: oportunidad y crecimiento

Desde la formación de la pareja a la constitución del matrimonio, la relación de ambos no es estática, al contrario, es dinámica, recorre distintos momentos o ciclos evolutivos. Y con ello acontecen distintas crisis, vocablo derivado del chino que significa o bien peligro o bien oportunidad.

Y es que al igual que las personas cambiamos es necesario sostener que la relación de pareja también lo hace por diversos motivos, ya sean intrínsecos o por circunstancias externas. Lo cual significa que es muy saludable estar abiertos a los cambios, abiertos, en definitiva, a la sorpresa y ser hábiles en su correspondiente adaptación.

De esta manera hay que comprender lo que suponen estas crisis y aprender a diferenciar unas de otras para entenderlas en el contexto adecuado. Así bien están aquellas crisis que denominamos evolutivas, aquellas que suponen la transición de unas etapas o momentos evolutivos que por diferentes motivos no se han resuelto con normalidad en la familia: adaptaciones iniciales a la vida de casados, la llegada del primer hijo, crisis de mediana edad, crecimiento de los hijos, jubilación, etc.; y aquellas que denominamos extraordinarias, provocadas por elementos que llegan en los momentos más inesperados y difíciles de prever: pérdida de trabajo de unos de los miembros, hijos con problemas, una enfermedad o accidente, que unos de los miembros de la pareja descubre cosas nuevas en sí mismo y necesita hacer cambios significativos, etc.

Ambas crisis son muy distintas y nos centraremos en las evolutivas que son las que generan el motivo de muchas de las terapias de pareja. Hemos de saber que estas crisis en principio no son ni buenas ni malas simplemente son y se dan.

Con referencia a estas últimas se suele decir que la crisis no es el problema, sino cómo se afronta ésta. Así, por ejemplo, es necesario saber que la relación con el cónyuge va a cambiar en el momento en que nazcan los hijos y eso es motivo para que ambos miembros de la pareja sepan cómo lo van afrontar; lo que no resolvería la crisis es no tratar el tema cuando llegan los hijos y dejarlo todo al azar o a las circunstancias de ambos, esto es lo que poco a poco irá minando la relación de pareja. Este tipo de crisis se convierte, por lo general, en un cúmulo de conflictos no resueltos que se van amontando con el tiempo y que suelen hacerse más patentes y explícitos en momentos o situaciones especiales como consecuencia de un nuevo conflicto añadido. Es conveniente ante esto hacer un alto en el camino, reflexionar y encontrar un espacio de comunicación en la pareja y así respetar el dicho de “en tiempos de desolación no hacer mudanza”, es decir, esperar y no tomar decisiones precipitadamente.

Visto de esta manera toda crisis es una oportunidad para renacer, oportunidad de crecimiento, superación y desafío para la pareja así bien lo dice R. Marcos: “Junto a la libertad elegir esta implícito el derecho de cambiar de parecer”.

Así pues para ir superando estos estadios evolutivos y prevenir situaciones de conflicto, es importante fomentar ciertas actitudes y comportamientos:

  • Encontrar espacios para la comunicación en la pareja.
  • Mantener actitudes de respeto  y admiración mutuas.
  • No rehuir de las dificultades y no insistir en las diferencias.
  • Dedicarse tiempo, paciencia y ternura.
  • Cuidar la vida sexual en la pareja. Es necesario para el matrimonio pues es una dimensión que les une como pareja. Es necesario matizar que cada pareja vive distintos momentos evolutivos en los cuales ambos tendrán que ir adaptándose.
  • Establecer y respetar los “espacios personales”. En el matrimonio ambos se encaminan hacia un proyecto común pero es necesario mantener las distancias personales.
  • Mantener un reparto equilibrado y flexible de tareas y roles. Los cónyuges atendiendo a sus cualidades deben distribuirse las funciones.
  • Fomentar la complicidad. Es muy importante abrirse a la intimidad y aprender a ser compañeros de vida.

Bien es verdad que podemos optar por introducir cambios para adaptarnos a estos ciclos evolutivos u optar por el no cambio y con eso vivir la crisis. Y es que la decisión de cambiar tiene que ver con uno mismo y con la pareja. En una u otra opción tenemos que asumir las consecuencias y así llegar a comprender que en definitiva  la pareja no esta constituida para restar; está para multiplicar en lugar de dividir, para tener más en cuenta lo que les une que lo que les separa”, A. Polaino.

Autora del artículo: Mª Del Carmen González Rivas, Directora del Centro de Atención Psicológica y Familiar Vínculos. Psicóloga col. Ex 00912. mcarmengr@psicovinculos.es.

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